La democracia bajo ataque

Tras los lamentables hechos ocurridos en el Capitolio, el consenso público es que se trató no sólo de uno de los mayores ataques a la democracia de aquel país sino que demostró la profunda polarización y carencias sociales actuales

La democracia bajo ataque
Azul Etcheverry / Claraboya / Opinión El Heraldo de México

Tras los lamentables hechos ocurridos en el Capitolio de los Estados Unidos, en el que un grupo de simpatizantes del presidente Donald Trump irrumpieran violentamente durante la sesión del Congreso en el que se ratificaría la victoria del hoy presidente electo Joe Biden, el consenso público es que se trató no sólo de uno de los mayores ataques a la democracia de aquel país sino que demostró la profunda polarización y carencias sociales actuales.

Este suceso no refleja un fenómeno aislado, sino el resultado de una presidencia inoperante, racista, xenófoba que arengó las expresiones más rancias de la extrema derecha y ultraconservadora por más de cuatro años. Desde el inicio de su mandato, Trump se encargó personalmente de sabotear el ejercicio democrático del país, vulnerando sus prácticas institucionales bajo el amparo de un partido republicano que decidió pasar por alto e incluso apoyó estas prácticas debido a la alta aprobación de un sector de la población que busca perpetuar es estatus quo de privilegios y desigualdades.

Si bien el mandato del presidente Trump concluye el 20 de enero, su legado y forma de hacer “política” perdurarán en el partido republicano, en mayor o menor medida, a partir de sus necesidades partidistas y electorales. No obstante, hay que reconocer que tras el ataque al capitolio aquellos fervientes aliados del presidente como los senadores Lindsey Graham, Mitch McConnell y Mitt Romney categóricamente condenaron lo ocurrido y apelaron al legado histórico de quienes les dieron patria,

Independientemente de las ideologías y preferencias partidistas. Estos nombres se suman a la lista de republicanos con visión más moderada que se han ido desmarcando del presidente y abiertamente comienzan a apoyar el proyecto del demócrata Biden.
Ahora bien, teniendo en consideración el escenario actual estadounidense, debemos analizar el rol de México en su relación con los Estados Unidos desdela perspectiva de los últimos sucesos entre ambos países.

La inminente victoria anticipada de Joe Biden y la negativa del gobierno federal por reconocerla, pasando por el rol secundario que hoy juegan sus dos embajadores. Por una parte, la asignación exprés de Esteban Moctezuma, un empresario capaz pero un funcionario ajeno a la carrera diplomática y por la otra, el embajador Landau que tiene un futuro incierto.

Además, aún está por verse el resultado de las acciones del gobierno de México tras la visita del presidente López Obrador a Trump en plena contienda electoral, la conclusión del “caso Cienfuegos” tras su bochornosa detención en Los Ángeles y la reciente propuesta de asilo extendida por el presidente a Julian Assange, acusado de filtración sensible que pudo influir las elecciones presidenciales norteamericanas de 2016.

Por otra parte, no debemos olvidar que las agendas del presidente electo Biden y del presidente López Obrador en lo laboral, comercial, medioambiental y energético distan entre sí. Ya dependerá del talento de los funcionarios mexicanos de aprovechar las oportunidades que se puedan presentar con la nueva administración en el contexto de cooperación con el que pretende iniciar.
En lo migratorio, el demócrata tiene la intención junto con su equipo de reestructurar la relación con México, sin embargo el fenómeno de la salida de Trump podría incentivar el incremento del flujo migratorio desde Centroamérica y México, una posibilidad que debe ser cuidadosamente manejada por las implicaciones económicas, políticas y sociales que esto conlleva en el marco de una pandemia que no da tregua a ninguno de los dos países.

POR AZUL ETCHEVERRY
AETCHEVERRYARANDA@GMAIL.COM 
@AZULETCHEVERRY


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