El sueño del multilateralismo

Las organizaciones internacionales han sido tan eficientes o ineficientes como sus miembros...

El sueño del multilateralismo
José Carreño Figueras/ Desde Afuera/ Opinión El Heraldo de México

Ante el aparente abandono estadounidense de su papel como garante o impositor de reglas comerciales y políticas, muchos depositan sus esperanzas en el multilateralismo como alternativa de trabajo en un mundo que se plantea como el sueño para los practicantes de la geopolítica.

El creciente énfasis estadounidense en sus asuntos internos fortaleció la aspiración de usar los organismos internacionales como alternativas de orden y colaboración en un mundo donde los vacíos de poder creados por la ausencia estadounidense llevan a potencias emergentes y países con historias a tratar de establecer o restablecer zonas de influencia y de seguridad.

El propósito es encomiable, pero quién sabe si realizable.

Las organizaciones internacionales han sido tradicionalmente tan eficientes o ineficientes como sus miembros quieren que sean, con capacidades de intervención y negociación frecuentemente limitadas por los intereses de los más grandes o más ricos.

En otras palabras, si potencias militares y económicas como Estados Unidos, Rusia, China o la Unión Europea no quieren o no aportan su capacidad o su peso, las posibilidades de intervención o de negociación de Naciones Unidas –o de la Organización de Estados Americanos, o cualquier otra– quedan por lo menos limitadas.

Cierto, las presiones diplomáticas y políticas pueden tener un peso importante, sobre todo, si son unánimes, pero pocas veces tienen impacto real sin la compañía de medidas económicas o militares.

Porque la realidad es que hasta ahora, y pese a sus buenas intenciones, su retórica y espléndidas declaraciones de principios, las organizaciones internacionales no han sido sino una forma de proyección de influencia de los países hegemónicos.

Si alguien cree que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tiene la capacidad, o el poder, de obligar a que alguno de sus miembros permanentes cambie de política, debe pensar de nuevo. Tal posibilidad necesita de circunstancias muy especiales y el concurso de los otros integrantes para conseguirlo.

Una condición de ese tipo no se ha dado desde 1956, cuando Estados Unidos y la entonces Unión Soviética (Rusia) presionaron a Francia, Gran Bretaña e Israel para detener la invasión de Egipto tras la nacionalización del Canal de Suez por el presidente Gamal Abdel Nasser.

En aquel momento tanto Estados Unidos como la URSS tenían por sí solos más poder militar o económico que los países mencionados juntos. Pero Francia y Gran Bretaña son miembros permanentes del Consejo de Seguridad desde la creación de la ONU.

Hoy por hoy, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas es una cámara de resonancia para problemas y denuncias que a veces llegan a convertirse en resoluciones, si no enfrentan la oposición y el veto de alguno de los miembros permanentes, que actúan en función de sus propios intereses.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE


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