Las tres muertes de Marisela Escobedo

Marisela es una de las figuras más luminosas y, pese a su derrota, más esperanzadoras del México del siglo XXI, ese México cruel. Entre las varias virtudes de esta película triste y necesaria está justamente la de retratar talentosa y cabalmente a esa figura.

Las tres muertes de Marisela Escobedo
Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de México

Empiezo con una obviedad: la historia de Marisela Escobedo es de lo peor que tiene este país. A Marisela le quitó a su hija, una menor, un hombre adulto, para luego asesinarla, quemar su cuerpo y dejarlo en un vertedero. El asesino, que terminó por confesar, fue detenido, solo para que, en un veredicto inconcebible, lo dejaran libre, paso previo a que escapara de la policía cuando una instancia superior volvió a declararlo culpable. Nunca fue detenido: terminó por incorporarse al crimen organizado, donde alcanzaría el rango suficiente para hacer matar a Marisela, a esas alturas una muy conocida activista. Luego, murió asesinado él mismo.

Y va la segunda obviedad: la historia de Marisela es de lo mejor que tiene este país. El documental que acaba de estrenar Netflix, Las tres muertes de Marisela Escobedo, nos lo recuerda inapelablemente.

Marisela no se rindió: peleó siempre, pacíficamente, y, pese a los mensajes en contra que le mandaron las instituciones de justicia una y otra vez, apostando a las leyes. Esa ética, bien reflejada en este documental de Carlos Pérez Osorio, es la que puede y debe hacer de Las tres muertes… una película con un peso equivalente al que hace unos años tuvo Presunto culpable, aquel documental sobre un tianguista y rapero que, contra toda evidencia, fue encerrado bajo el cargo de asesinato y, luego de una larga batalla legal, consiguió la libertad. ¿Por qué ese peso? De entrada, por la capacidad de la película para retratar a un sistema judicial que sigue muy lejos de los mínimos aceptables, y con el sistema judicial, a la policía, tan incompetente y corrupta como la de Presunto... Pero hay diferencias. La más importante: aquí no hubo final feliz. Lejos de ello, a la muerte de Marisela y su hija siguió el exilio de sus dos hijos, amenazados por el crimen organizado. ¿Por qué no hubo final feliz? Porque eso es la excepción en la pesadilla constante de la justicia mexicana; porque, justamente, a esa pesadilla se sumó la del narco, otra constante; y sobre todo porque Marisela y su hija son mujeres y mujeres mexicanas, o sea, víctimas que vuelven y vuelven a ser víctimas, como deja ver inteligentemente el título. Y es que Las tres muertes… es, también, un vislumbre del machismo. O sea, un recordatorio de por qué hay tantas mujeres luchando en la calles. 

En su valentía, en su conciencia de género hecha a fuerza de tristezas, en esa elocuencia –sus palabras llenas de grandeza cuando el juicio al asesino deberían estar en los libros de texto–, Marisela es una de las figuras más luminosas y, pese a su derrota, más esperanzadoras del México del siglo XXI, ese México cruel. Entre las varias virtudes de esta película triste y necesaria está justamente la de retratar talentosa y cabalmente a esa figura. Háganse un favor y pasen a conocerla.

 

POR JULIO PATÁN

COLABORADOR

@JULIOPATAN09


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