Octavio Paz: los privilegios de la vista

En octubre de 1990, Octavio Paz recibía el Premio Nobel de Literatura y ese mismo año, pero unos meses antes, el poeta concebía también la exposición “Los privilegios de la vista”

Octavio Paz: los privilegios de la vista
Bernardo Noval/Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Dicha muestra, montada en el hoy desaparecido Centro Cultural Arte Contemporáneo de la Ciudad de México, reunió buena parte de la obra plástica y gráfica que había comentado a lo largo de su trayectoria como crítico de arte.

Los privilegios de la vista  fue también el título de la magna obra que reúne sus ensayos sobre el arte en México y que Paz eligió a partir de una expresión del poeta español Luis de Góngora. El trabajo reúne desde el arte prehispánico, hasta el arte moderno, además de escritos sobre los muralistas mexicanos y otros artistas como Tamayo, Remedios Varo, Juan Soriano, Pedro Coronel, entre otros.

Por otro lado, un rápido vistazo a los ensayos de Paz nos muestra que no sólo se ocupó del arte mexicano, también de diversos períodos cronológicos, estilos y temas, desde el arte de la India, China y Japón, hasta la vanguardia europea y la Escuela de Nueva York, así como de artistas universales, como Duchamp, Chillida y Picasso.

El poeta no cesó de usar la crítica y la asumió como un género literario, como lo hizo con el poema, la traducción, el ensayo o la entrevista, y la cual expresó en artículos, conferencias, ensayos, textos para catálogos y en muchos de sus libros

Octavio Paz rechazó tener autoridad alguna como erudito o especialista, y menos como historiador del arte o crítico;  sin embargo, sus textos sobre cualquiera de estos temas se han convertido en una herramienta de conocimiento indispensable y es incuestionable que desarrolló una trayectoria como crítico de arte sorprendente. 

Al hacer la crítica, Paz nos transmite su percepción de la obra de arte y nos la devuelve en texto verbal: del texto visual al texto literario. Sus páginas de críticas se leen como creaciones verbales, en los que fundó un discurso a partir de la contemplación. “La crítica es imitación creadora, reproducción de la obra… La crítica no es tanto la traducción en palabras de una obra como la descripción de una experiencia”, comentaba el poeta.

Para Paz, el artista es el traductor universal, el pintor traduce la palabra en imágenes y el poeta traduce en vocablos las líneas y los colores. Para este ensayista, el color es la voz de la pintura, de ahí que nos inste no sólo a ver un cuadro simplemente, sino a leerlo con los ojos de la razón y a oírlo con los oídos de la pasión; por eso nos invita siempre a ver y oír la pintura, simultáneamente.

Paz pensaba que al ver un cuadro, oímos con los ojos y, al oír vemos con los oídos. Sus textos se leen como poemas en prosa, y tal como aspiraba Charles Baudelaire que debía ser la verdadera crítica de arte; de ahí que los mejores críticos de arte son los poetas, como André Breton, el primer gran teórico y crítico de los pintores surrealistas, o Apollinaire, quien descubriera a los pintores cubistas. 

Desde la escultura precolombina a la arquitectura de Luis Barragán, Octavio Paz no abandonó la crítica de arte. Para él, “la facultad que rige a la pintura y la poesía es una; aunque el pintor se sirve de los ojos y el poeta de la lengua, ojos y lengua obedecen a la misma potencia: la imaginación”.

POR BERNARDO NOVAL
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