MIGRACIÓN

La vida en CAFEMIN, el refugio que alberga a migrantes haitianos

Ante la crisis de migración que se enfrenta en México CAFEMIN debió romper sus reglas de sólo mujeres y niños y da albergue a hombres, con el fin de no desintegrar a las familias

NACIONAL

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Migrantes haitianos en México. Foto: Arturo Vega

En la entrada de este albergue hay dos anuncios que informan sobre la saturación de migrantes. Pese a ser uno de los refugios más grandes de la CDMX, su capacidad está rebasada.

En el interior el tiempo pasa lentamente. En el amplio patio hay carpas donde duermen algunos migrantes, también hay mesas, sillas, una resbaladilla y columpios para los más pequeños que ríen y gritan mientras los adultos juegan dominó, descansan o bien peinan su rizado cabello.

CAFEMIN da refugio exclusivamente a mujeres y niños migrantes pero decidieron no separar a las familias enteras y también recibieron a hombres. Actualmente son alrededor de 200 migrantes que viven temporalmente en este lugar, ubicado a unos pasos del Metro Misterios.

“Tenemos familias extensas de hasta ocho integrantes pero hemos abierto las puertas para atenderlos como se merecen, como seres humanos. En su mayoría son niños, bebés, casi son 60 menores”, explicó Magdalena Silva, directora del albergue, en entrevista con El Heraldo de México.

La comida se sirve a las 3:00 pm, sobre un largo pasillo se forman los migrantes para recibir sus alimentos, mientras esperan los sanitizan con gel antibacterial.

Después de comer hay quienes toman clases de español, otros descansan y un grupo, que diario se va rotando, lava los trates y barre el patio central.

“Mi sueño es ser abogado”

En un rincón se encuentra Peterson, un joven originario de Haití que domina tres idiomas, kriol, francés y español, mientras Metus, una de sus amigas, le trenza el cabello, él explica la razón por la que está en México.

“Todos salimos por los problemas políticos en mi país. Yo crecí en la ciudad de Aquin, al sur de Haití, en 2019 llegué a Chile y he recorrido el mismo camino de todos, alrededor de 11 países; si me dejan vivir en México, aquí me quedo, si no, seguiré adelante, a Estados Unidos”, comentó.

Peterson tiene 24 años de edad, sueña con terminar sus estudios, si las autoridades migratorias se lo permiten, desea culminar la carrera de derecho.

“No conozco ninguna escuela en México pero traje mi certificado, yo estudié para abogado”, explicó.

Además de techo y alimentación, en CAFEMIN las personas son asesoradas para regularizar su situación migratoria, además reciben atención sicológica.

“La sociedad civil organizada estamos haciendo nuestro trabajo, el llamado es al Estado, tienen que hacer su trabajo, les corresponde dar acceso a los derechos, que hagan su chamba, no les pedimos otra cosa, y su chamba en lo concreto, no de palabra”, enfatizó Magdalena Silva.

Peterson quiere ser abogado. Foto: Arturo Vega

Un respiro en las alturas

En la azotea de este albergue los migrantes encuentran otro refugio, un espacio que les permite olvidar momentáneamente la situación que enfrentan. Se trata de un pequeño huerto que dirige Guadalupe Beltran, directora de “Proyecto Taika”.

Dos niños, uno de Guatemala y otro de Haití, ayudan a sembrar algunas hortalizas, uno escarba y otro riega, a ellos se suman dos mujeres que quitan las hierbas secas y mezclan la tierra seca con abono.

“En muchas ocasiones los jóvenes suben y dicen que es una oportunidad de ver el cielo, este es un espacio diferente al que cotidianamente están”, explicó Guadalupe.

La directora de CAFEMIN hace un llamado a la sociedad civil y al gobierno.

“A la población les pedimos que vean a los migrantes como lo que son, seres humanos que necesitan apoyo. Si el gobierno los regulariza, entonces México no será un campamento”, concluyó.

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psc