CÚPULA

Feliz cumpleaños, Jaime Humberto Hermosillo Delgado

Sus historias nos marcaron como espectadores, no porque sucedieran en lugares lejanos y espacios irreales, al contrario

CULTURA

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JAIME HUMBERTO HERMOSILLO. Foto: Cortesía

En un enero de hace 80 años, nació en la ciudad de Aguascalientes, el maestro Jaime Humberto Hermosillo Delgado, de oficio Contador Público –al que su nana le confirmaría que lo que único que contaría en esta vida, no serían números, serían historias–. Así se definió el destino del cineasta mexicano más irreverente y trasgresor de la historia del cine mexicano.

Sus historias nos marcaron como espectadores, no porque sucedieran en lugares lejanos y espacios irreales o protagonizadas por personajes extraordinarios. Al contrario, sus películas eran cotidianas  y tan profundamente intimas, protagonizadas por mexicanos comunes: la secretaria que trabaja en el Departamento del Distrito Federal (Naufragio, 1978), el burócrata que regresaba a casa después de la jornada (El cumpleaños del perro, 1975), la madre de familia con un hijo recién casado (Doña Herlinda y su hijo, 1985), la prima que regresaba a México después de años de ausencia (Las apariencias engañan,1983) o dos jóvenes traileros y ladrones que recorrían el país (Matiné, 1977). Lo perturbador de sus historias comenzaba cuando Jaime Humberto nos mostraba la intimidad de sus personajes, descubriendo sus fantasías, sus temores, su sexualidad descarnada y sus perversiones más lamentables. Cada una de sus cintas es una crítica y también una oportunidad a reconocernos como una sociedad plural donde tiene cabida todo tipo de seres humanos.

La primera película que recuerdo haber visto fue Matiné, años después, Hermosillo me confesaría que tenía mucho de su infancia y mucho de su imaginación, en ella dos niños, amigos entrañables e hijos de dos conductores se escapaban escondidos en la caja del tráiler que conducían sus padres, destinados a vivir junto con ellos toda una aventura como expertos ladrones que culminaban con su atraco en la Basílica de Guadalupe. Hermosillo no soñaba con ser ladrón, sólo escapar de Aguascalientes y tener una vida llena de aventura. Después de todo, lo logró, el cine le otorgó ese increíble regalo.

Como buen aventurero, Jaime Humberto Hermosillo también experimentó con los formatos: cortometrajes, mediometrajes, largometrajes, 8mm, 16mm, 35mm y digital. Era un cineasta en constante búsqueda, lo mismo convirtió en leyenda a una de las actrices más importantes de nuestra cinematografía: María Rojo, a quien bautizaría como la inolvidable María de mi corazón en la cinta del mismo nombre en 1979 y cuyo guión trabajaría junto a Gabriel García Márquez. Hermosillo dirigió a nóveles actrices y actores con los que construiría un sinfín de historias. Esa experimentación nos regaló cintas como La tarea (1991) filmada en un largo plano secuencia o Intimidades de un cuarto de baño (1991) en donde la cámara ocupa el lugar del espejo de esa habitación y por donde vemos desfilar a los personajes para conocer su historia.

La primera vez que lo conocí, le pedí que me contará un secreto. Quería saber cómo había logrado la escena de la película Naufragio, donde un departamento de la Unidad Tlatelolco de pronto recibe como una ola furiosa al mar que entra por la ventana para inundarlo todo. Esa es para mí una de las escenas más poéticas y entrañables que he visto en el cine. La respuesta fue sencilla: “Nunca te voy a confesar cómo hago mis películas”. Lo que en un principio consideré egoísmo, al paso de los años lo reconocí como el más bello y generoso acto de amor de un cineasta hacia su espectador, Hermosillo estaba protegiendo mi ilusión.

Porque generoso era, un cineasta que cuando te abría su casa en la Colonia del Valle, abría también la puerta a su universo, carteles de sus películas, objetos que reconocías de algunas escenas y de pronto del techo corría una pantalla y esa casa se convertía en su propio cine, ese que a muy pocos le compartía, pero siempre lo hacía con todo el corazón.

Jaime Humberto nació un 13 de enero de 1942 y es en un enero cuando también lo despedimos. La noticia de su muerte en Guadalajara, Jalisco fue el inicio del día, un 13 de enero de 2020. De Hermosillo conservaremos su cine, que a final de cuentas es una forma de conservarlo a él. Yo seguiré preguntándome una larga lista de cosas cada vez que vea una de sus películas y también seguiré agradeciendo el camino que abrió en nuestra forma de pensar y ver el México que no acabamos de construir.

Por Alejandro Ramírez 

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