CÚPULA

Hipódromo Condesa, existencia cíclica

Fundada en la posrevolución, la colonia se nutrió de la influencia de una modernidad ávida, de origen europeo

CULTURA

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Hipódromo Condesa. Foto: Captura / Video

Puesto a recorrer las calles de una ciudad que no es la mía, pero cuyo eclecticismo ejerce en mí una fascinación sin límite, me demoro en la contemplación de las construcciones que me salen al paso. No hay mejor manera, creo, de conocer una ciudad que perderse en ella, caminarla en círculos, sin norte alguno. Aunque en esta era de eclosión digital, la posibilidad de perderse resulte en una aventura inocua. ¿Debemos resignarnos a la infalibilidad de Google Maps? 

Llego, en mi recorrido, hasta la colonia Hipódromo Condesa, serpeando entre calles cuyos nombres retengo en la punta de la lengua, como un leve chasquido. Dejo atrás avenida Ámsterdam. Me detengo, de vez en cuando, a contemplar un cancel, una o dos ventanas y una puerta de entrada que me alertan de un patrón de líneas hasta que el conjunto se revela, entero, frente a mis ojos. ¿Qué consagra la fortuna en términos arquitectónicos? ¿La belleza de las formas, la disposición de los espacios, la persistencia de trazos esenciales —y de principios de construcción— por encima de modas o estilos? ¿O acaso que sucesivas generaciones encuentren en una misma edificación un lugar idóneo para habitar? 

Como toda suerte, la de la Hipódromo Condesa ha sido una suerte inconstante. Fundada en la posrevolución, la colonia se nutrió de las aspiraciones de una sociedad que emergía de un largo conflicto y de la influencia de una modernidad ávida de origen europeo, producto también de un conflicto armado. Esa modernidad se plasmó en sus viviendas, parques, monumentos y elementos urbanos, salas cinematográficas y edificios de usos mixtos que se revistieron de ornamentos geométricos y figuras estilizadas y, en cuyos diseños, prevalecieron las líneas rectas y la simetría. Como apunta Carolina Magaña: “en México fue un hecho trascendente (en referencia al Art Déco, como se conoce a ese estilo), ya que llegó en un momento en que el país se encontraba en la última y más álgida búsqueda de su identidad nacional”. 

¿Es la colonia Hipódromo Condesa la expresión más acabada del proyecto urbanístico de la Revolución Mexicana, o un mero —aunque afortunado— accidente? Me he preguntado, caminando sus calles, si esas construcciones son el reflejo de una concepción del progreso aún vigente, o si son sus ruinas en realidad las que definen más puntualmente una concepción. Por supuesto, no toda obra de destrucción es atribuible al género humano. Las ruinas son, las más veces, una prueba de su vulnerabilidad ante el embate de la naturaleza o del tiempo. 

Cada sismo amenaza el esplendor de su pasado, pero la Hipódromo Condesa se renueva y añade, a esa existencia cíclica que prefigura avenida Ámsterdam, un anillo más para salvaguarda de su futuro. 

Por Fran Escalante

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