La contemporaneidad del arte prehispánico

En el siglo XVIII iniciaron las excavaciones para recuperar la memoria

La contemporaneidad del arte prehispánico
MNA. Fachada de patio central, 1964. Celosía: Manuel Felguérez. Arquitectos: Pedro Ramírez Vázquez, Rafael Mijares, y Jorge Campuzano. Fotografía: Armando Salas Portugal

Con la llegada de los españoles al nuevo continente, el mundo precolombino atravesó por una compleja red de significados sociales y sobre todo simbólicos, que, al inicio, representaron un obstáculo que se opuso discursivamente a los preceptos todavía incipientes de la Europa renacentista.  Bajo este panorama, el exterminio de los imaginarios indígenas “pretendiendo eliminar las barbaridades de su cosmogonía” fueron una constante con el fin de “imponer” una forma de conocer y aproximarse a la vida.  

En este sentido, el adoctrinamiento de nuevas formas de entender el mundo llevó al establecimiento de métodos, símbolos y costumbres ajenos a ese otro mundo. Así, a través de diversas imágenes, que poco a poco fueron introduciéndose en el nuevo continente, se generaron “otras” que mezclaban ambos lenguajes, que en principio parecían totalmente ajenas, y que al final estaban unidas por la espiritualidad.

En este panorama y a pesar de que dichas manifestaciones buscaron su supervivencia, el mundo precolombino, por un breve tiempo, quedó sepultado, enterrado, olvidado. Sin embargo, a partir del siglo XVIII y aún hasta nuestros días, continúan las excavaciones para recuperar esas huellas, esa memoria.

Reconstruir simbolismo

No obstante que la magnificencia de dichas culturas quedó oculto por algunos siglos y tras un breve instante de aniquilación, el arte prehispánico continúa presente en nuestros días a través de la exhibición de los vestigios históricos y artísticos que, poco a poco, se han encontrado a partir de las diversas excavaciones; y por otro lado, mediante el estudio de la grandiosidad de estas culturas que intenta reconstruir su simbolismo, así como sus diversos usos y significados.

El valor de dichos ecos se pone de manifiesto cuando la representación de ciertos elementos o de algunos símbolos trae consigo semejanzas o coincidencias en nuestra contemporaneidad. Así, podemos encontrar algunos artistas que se apropian de los elementos del arte prehispánico para reconstruir nuevas formas en el contexto actual, que asemejan o tienden a coincidir con los valores primigenios de esas representaciones.

Arquitectura prehispánica

Mathias Goeritz y Manuel Felguérez son ejemplos de aquellos creadores que a la par de dialogar con las tendencias artísticas de su época, propusieron también otras formas de entablar una conversación con el pasado.

De origen alemán, Goeritz concedió en su trayectoria artística formas y soportes de las culturas del México precolombino, como las pirámides y las serpientes.  El artista retomó el motivo de la serpiente para volverlo un elemento continuo en su producción y el cual, puede decirse, recorrió gran parte de su trayectoria.

Por su parte, Felguérez al elaborar la celosía de aluminio que rodea las ventanas del patio interior del Museo Nacional de Antropología, hizo alusión a la serpiente –símbolo prehispánico de la vida– y tal y como él lo describió: “Realizando una reminiscencia al mundo maya,  a través  de un juego óptico de serpientes que parecen ascender y descender.

Por Raymundo Silva


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