Las infinitas posibilidades de la abstracción

Toda su vida, Felguérez se propuso crear algo que antes no existía y anheló revelarnos que la realidad visible esconde mucho más de lo que nuestros ojos ven

Las infinitas posibilidades de la abstracción
SIN TÍTULO. 2020. Resina sobre tela, 100 x 120 cm. Colección Mercedes Oteyza de Felguérez

El 12 de diciembre de 1928 fue la fecha en la que nació el gran creador mexicano Manuel Felguérez, artista multifacético y prolífico que, a lo largo de su vida, enriqueció con sus propuestas el panorama de las artes y la cultura de México. 

En la exposición Manuel Felguérez. Formas y matices secretos, organizada por el Senado de la República, a través del proyecto cultural Casa Nuestra, podemos disfrutar una selección de 38 obras que el artista zacatecano produjo entre 1966 y 2020, las cuales nos hablan de su trayectoria en el mundo del abstraccionismo; de sus búsquedas y logros dentro de esta tendencia artística; de su deseo de experimentar con formas, texturas y colores, y de su anhelo por mostrar que, en el arte, hay infinidad de caminos diferentes, y miradas distintas. 

El siglo XX fue una época de guerras, destrucción y aniquilación, pero también de revoluciones, descubrimientos e innovaciones: el arte expresó ese mundo de rápido y constante cambio. Así nacieron movimientos de vanguardia que desarrollaron nuevas visiones sobre el significado y el sentido del arte en la sociedad, experimentando con nuevos materiales, métodos y técnicas. Surgieron distintas tendencias que van de lo figurativo a lo abstracto y de lo objetivo a lo subjetivo. También, se desarrolló un arte con contenido histórico y filosófico y un arte con contenido en sí mismo; es decir, enfocado en los elementos que conforman su esencia: la composición, la línea, el color, la forma y el espacio. Es en esta última tendencia es donde se ubica la obra de Manuel Felguérez, quien toda su vida se propuso crear algo que antes no existía y siempre anheló revelarnos que la realidad visible esconde mucho más de lo que nuestros ojos pueden ver: para lograrlo eligió la abstracción. 

En la abstracción, el artista se libera y se aleja de la representación de figuras e imágenes de la realidad visible con el fin de crear nuevas realidades. Para plasmar esta concepción, el artista se expresa a través de un lenguaje universal de líneas, texturas, formas y colores, con los cuales se puede crear un número infinito de combinaciones, contrastes y composiciones que buscan tener ritmo, equilibrio y armonía. 

PINTURA NUM. XV. 1959. Oléo sobre tela, 60 x 90 cm. Colección Mercedes Oteyza de Felguérez

En esta visión del arte es de suma importancia el papel del espectador: no solo es a quien se dirige el artista, sino con quien entabla un diálogo. Los que observamos la obra abstracta colaboramos para darle significado, la recreamos y la interpretamos desde nuestro particular pensamiento y nuestra muy personal fantasía. A mediados de la década de los cincuenta, Felguérez había optado por la abstracción por medio de un proceso en el que las formas de sus esculturas se fueron liberando de sugerencias concretas al cuerpo humano. Durante más de medio siglo, defendió y promovió el arte abstracto, considerándolo no como una disciplina limitante, sino como un conjunto de alternativas ricas en posibilidades compositivas y expresivas. Esta defensa y promoción no fue fácil, ya que un sector relevante de la comunidad artística, de la crítica y de las instituciones culturales mexicanas, era adverso a esta nueva propuesta. 

Dentro del arte abstracto encontramos dos vertientes: la abstracción lírica y la geométrica; caminos por los cuales transitó Manuel Felguérez, desarrollando obras por separado y, también, logrando creaciones fusionando ambas con gran maestría. 

Durante la década de los 70, Felguérez utiliza ordenadores para, a partir de matrices de composición reducidas a algoritmos, determinar múltiples variables compositivas. A este geometrismo que buscaba reconciliar lo subjetivo con lo objetivo, le siguió una fase más lírica, en la que incluso el pintor hacía sugerencias figurativas. A finales de los años 70, el racionalismo geométrico deja paso al misterio de la forma, a la “geometría secreta” que refiere Octavio Paz, y a una inesperada sensación de profundidad y texturas que evidencian el abandono de los colores y las formas geométricas más puras. Durante las siguientes décadas y hasta el 2020, Felguérez continuó con asombrosa energía su producción a partir de la búsqueda de nuevas vías artísticas que ofrecían, tanto estímulo para nuestros sentidos, como exigencia para el intelecto. 

FELGUÉREZ EN SU ESTUDIO. 1973. Fotografía: Manuel Álvarez Bravo. Archivo Manuel Felguérez

Las obras reunidas en Manuel Felguérez. Formas y matices secretos ofrecen un recorrido por las etapas más representativas del creador. Destacan, de manera notable, dos piezas pertenecientes a la colección particular de Mercedes Oteyza, viuda de Felguérez, pintadas por el artista meses antes de partir y las cuales nos siguen impactando por la extraordinaria fuerza creativa y gestual que Felguérez plasmó.

Con la exposición, Casa Nuestra rinde un homenaje póstumo a la amplia trayectoria que este versátil, consistente y significativo creador desarrolló durante más de sesenta años de producción. En un sentido más amplio, estos años creativos representan una síntesis de los caminos explorados desde el principio de su carrera y de su contribución a la proyección del arte abstracto mexicano a nivel internacional.

 

Por Bernardo Noval


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