Zapata incomprendido: el corrido que le hace falta

Se siente intimidado por los revolucionarios del norte, por Venustiano Carranza, que parece uno de los hacendados de Morelos

Zapata incomprendido: el corrido que le hace falta
TINA MODOTTI. "Guitarra, canana y hoz", 1927. ©D.R. Museo Nacional de Arte / INBAL, 2020. Donación Whitechapel Gallery, 1983.

Quizás así sucedió la primera desilusión de Zapata:

Zapata se duerme en la serranía del Ajusco, esperando bajar con su comitiva a ver al señor Madero. Ya hace mucho de esos lances y proposiciones. En la madrugada los despierta un terremoto, la tierra les anuncia que los está esperando.

Bajan con sus tropas hasta San Ángel. Es día siete de junio de 1911. Madero pasa revista a los soldados en compañía del ingeniero Manuel Urquidi. Allí se encuentra Andrew Almazán, quien le hace los honores.

El almuerzo es en la casa de Madero, calle Berlín. La mansión es suntuosa sin llegar a los extremos de la casa de don Ignacio de la Torre. Zapata se siente intimidado por los revolucionarios del norte, por Venustiano Carranza, que parece uno de los hacendados de Morelos. No sabe que tiempo adelante habrá de convertirse en su enemigo acérrimo: Carranza rechazará las decisiones tomadas por los jefes revolucionarios en la convención de Aguascalientes.

Uno más en la foto

Ahora no es más que otro personaje en la foto, ni siquiera sabe apretar bien las manos cuando saluda. Está también allí Emilio Vázquez Gómez y el hijo de Juárez, Benito Juárez Maza. Carranza, en 1913, ha de redactar el Plan de Guadalupe, que desconocerá a Huerta y a los otros dos poderes, y proclama la necesidad de una nueva Constitución, y a Carranza como jefe supremo.

Madero hoy está exultante. Le han dado la bienvenida más tumultuosa que se haya presenciado en la ciudad desde que entró el Ejército Insurgente 90 años antes. Lo han aclamado y vitoreado por las calles mientras él cabalgaba a medio trote en su caballo acompañado de sus generales.

A media comida, Madero le pregunta a Emiliano por los problemas de Morelos.

TINA MODOTTI. Campesinos leyendo “El Machete”, 1928. ©D.R. Museo Nacional de Arte / INBAL, 2020. Fondo Vittorio Vidali, 1983.

No lo deja explayarse, le interrumpe. Critica la violencia en la toma de Cuautla. Le refiere las quejas que ha recibido sobre el comportamiento de sus hombres. Emiliano se pregunta por qué causa presta oídos a esos reclamos. Hicieron una revolución, no podía ser por vía pacífica. Lo dice allí, como apenado.

Pero los desmanes, general, ¿Cómo los justifica?,– tercia Carranza.

La discusión se torna lenta, pesada como una tarde calurosa. Zapata no atina a convencerlos a pesar de sus explicaciones. Toman café.

Le debo hacer una petición concreta, general Zapata. Debe entenderse con los Figueroa, nuestra nueva tarea es con la paz.

–No tengo ningún empacho en así hacerlo. Lo único que nos interesa es que las tierras sean devueltas a los pueblos, que se cumplan las promesas de la Revolución.

GERMÁN MONTALVO. "Zapata", 2019. De la serie “Ídolos de barrio”. Spray, 60 x 120 cm. Cortesía: Germán Montalvo.

Luego Madero le promete que irá en unos días a Morelos, le dice que debe ver por sus propios ojos el problema. Le habla así:

–No se preocupe, general Zapata, cuando las cosas se estabilicen gestionaremos un rancho como premio a sus afanes a favor de nuestra causa.

A Emiliano le hierve la sangre, siente que todo empezó mal con esos hombres que no lo comprenden. Que no entienden a los del sur. Atina a responder:

–No me incorporé a la Revolución para hacerme hacendado, señor Madero. El asunto de las tierras es mi mejor pago.

En ese momento lo único que pasaba por la mente de Emiliano era que se cumpliera la promesa de la Revolución y regresara a casarse con Josefa. Cultivar sus tierras, volver a la fiesta, a sus animales. Por un momento se olvida de que está allí en una casa suntuosa de la capital y se imagina en alguno de sus caballos yendo hacia la bifurcación de los caminos, a la salida de Anenecuilco para tirarse sobre la hierba con la silla de montar como almohada a ver pasar las nubes.

Se siente ridículo pensándolo, pero es así. Todo lo que ocurre en esa habitación lo perturba. Quiere huir. Desde este día huirá siempre de las discusiones, del castigo por la traición de los otros, del enfrentamiento con las palabras. Las palabras que no arreglan nada, se necesita la carabina.

- Soy zapatista del estado de Morelos porque proclamo el Plan de Ayala y de San Luis, si no le cumplen lo que al pueblo le ofrecieron, sobre las armas los hemos de hacer cumplir.

El asunto de las tierras es complicado, le dice Madero. Hay que respetar la ley, los procedimientos. Debe hacerse con cuidado. Habrá que empezar a tomar disposiciones para licenciar a sus tropas rebeldes, señor general, sentencia el líder de la Revolución. Zapata discrepa, tímido. Pone en duda la disposición de los federales a respetar a un gobierno revolucionario desarmado.

–Para no ir más lejos, el gobernador Carreón sólo está actuando a favor de los hacendados. ¿Qué pasará con nosotros ya sin armas, entregados a la voraz voluntad de nuestros enemigos?

–Esta es una nueva era, general. Es la época de la política. Podremos llevar grandes transformaciones en este país por medio del orden. No permitiré ninguna forma de violencia. ¡Espero que se entienda claramente!

Zapata se levanta, con la carabina en la mano. El silencio permite que se escuchen las respiraciones de los hombres. Se acerca a Madero y con el rifle señala la cadena de oro del caudillo.

TINA MODOTTI. "Canana, maíz y guitarra", 1927. ©D.R. Museo Nacional de Arte / INBAL, 2020. Donación Whitechapel Gallery, 1983.

–Mire, señor Madero, si yo aprovechándome de que estoy armado le quito su reloj y me lo guardo, y andando el tiempo nos llegamos a encontrar de nuevo, los dos armados con igual fuerza, ¿tendría usted derecho a exigirme su devolución?

–Sin duda. Incluso le pediría una indemnización.

–Pues eso justamente es lo que nos ha pasado en el estado de Morelos, en donde unos cuantos hacendados se han apoderado por la fuerza de las tierras de los pueblos. Mis soldados y los campesinos me exigen que le diga a usted con todo respeto que desean que se proceda desde ya a la restitución de sus tierras.

Se despiden sin llegar a nada. A Zapata le queda un sabor a hierro en las encías. Se ha puesto el gallo incierto.

Por Pedro Ángel Palou

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