No más lipstick... Por el momento

Coco Chanel decía: “Si te sientes triste, ¡Ponte lipstick y ataca!". El hábito de pintar los labios ha cambiado; es hora de poner atención en la mirada

No más lipstick... Por el momento
A Christian Dior le debemos la tortura de escoger entre más de mil 500 tonos de rojo. Foto: Especial

El lápiz de color para labios, ha sido parte de nuestra rutina de belleza desde que somos unas adolescentes. Recuerdo a mi abuela ya muy viejita y deteriorada por su enfermedad, sacar con dificultad del monedero su lipstick rojo, ponérselo sin espejo y al tanteo y automáticamente transformarse en una mujer más segura de sí misma.

Así como mi abuela, que decidió que ese color le quedaba bien, muchas de nosotras, una vez que encontramos el tono que nos gusta, es difícil que lo cambiemos por otro. 

Generalmente, nos casamos con el Pantone número tal, y claro está que también con la marca que lo hace. Pero este ritual no es nuevo y ya tiene sus siglos de historia. Se cree que el primer lipstick se lo debemos a los antiguos sumerios, quienes trituraban joyas para ponerse en los labios.

EN LA CORTE

  • De Isabel I se popularizó el labial.
  • A Christian Dior le debemos la tortura de escoger entre más de mil 500 tonos de rojo.

Los egipcios también usaban este método, pero en este caso se trataba de escarabajos, hormigas, algas, yodo y bromo, que al contacto con la piel provocaba infecciones y podía ser letal. De ahí el término “El beso de la muerte”. La reina Isabel I, amante del rojo carmín, no salía de su recinto sin antes tintar sus labios. Ella tampoco se libró de los efectos nocivos de una fórmula tóxica, ya que esta estaba compuesta por plomo y arsénico. Durante años de uso, carcomió su dentadura y se cree que también le provocó la muerte. No fue sino hasta la década de los años 20 que surge en el mercado el lipstick rojo.

Foto: Especial

Hoy día estamos en abstinencia de color. Pero, lo que nos impide el uso de éste no es una fórmula venenosa, sino más bien el uso del cubrebocas, debido a las medidas de seguridad por el COVID-19. Observo a las mujeres en la calle con cubrebocas y me resulta difícil leer su expresión. Lo cual me ha hecho reflexionar en lo complejo que se ha vuelto la comunicación durante nuestras interacciones con los demás. No sólo mujeres, si no con todas las personas.

Por lo que es importante que enfoquemos la atención en los ojos y el tono de voz. Es curioso cómo ahora el saludo es un levantón de cejas en lugar de una sonrisa. Creo que ya soy experta en identificar miradas. A veces lo que escucho no concuerda con lo que veo.

Foto: Especial

Por ejemplo: el otro día me topé con una amiga, y mientras nos poníamos al tanto de la vida, la observaba y notaba una profunda tristeza en su mirada, escondida tras un pestañon largo y tupido. A veces extraño ese hábito que es parte de nuestra identidad
femenina, y en cuanto pueda, regresaré a mis tonos favoritos: los moka.

Cuando regresemos a nuestra rutina de belleza, espero no perder la costumbre de observar, ver a los ojos y conectar mucho más. En lo personal, creo que es una forma de comunicación a otro nivel. Les recomiendo que lo pongan en práctica y se den la oportunidad de exprimir esos momentos, ver profundamente a los ojos y comunicarse de una forma más sutil.

POR LUISA PEÑA
FOTO: ESPECIAL


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