Columna Invitada

El nefasto populismo

El populismo más peligroso es el que divide la sociedad para beneficio del líder

El nefasto populismo
Bosco de la Vega / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México Foto: El Heraldo de México

En Nexus, Harari analiza la historia de las redes de información desde la creación del relato hasta la inteligencia artificial. En un apartado, hace énfasis en cómo las sociedades han sido seducidas por relatos populistas.

En su acepción básica, en el populismo el pueblo es quien gobierna. El concepto ha sido tergiversado para construir una retórica que, según Mudde, divide a la sociedad en dos grupos antagónicos: la gente pura y la élite corrupta.

Los liderazgos populistas se auto-adscriben como la personificación del pueblo, quien a través de ellos piensa, siente y actúa. Cualquier otra representación o intermediación carece de la legitimidad que tiene el líder. La cercanía o distancia con el líder carismático equivale a la cercanía o distancia con el pueblo. Quien apoya al líder es gente pura; quien se opone, es parte de la élite corrupta o la mafia del poder.

Con frecuencia se confunde el populismo con la expansión del gasto social. Pero países como Portugal destinan casi el 24% del PIB a este rubro, mientras que en la Turquía populista de Erdogan apenas del 13%.

El eje crítico del populismo es crear división y atropellar lo que se interponga al líder pues él representa al pueblo. Por ello, hay que concentrar el poder y eliminar los contrapesos. Como el pueblo es sabio, lo que diga el líder será verdad, justificando el ataque a los medios y al pensamiento independiente. Como el pueblo es puro, también lo será el líder, sin espacios para cuestionarlo.

Esta visión tiene en tensión la relación entre México y Estados Unidos. Trump promueve una narrativa en la que el inocente pueblo americano ha sido traicionado, envenenado con drogas, y explotado por todos. Del otro lado están los demócratas incompetentes, los mexicanos criminales y un mundo saqueador. La amenaza comercial es destello de un desmantelamiento institucional mayor al interior de su país en educación, ciudadanía o salud.

En México vivimos seis años de populismo destructivo. López Obrador dividió al país con una retórica que tomará tiempo sanar. “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada” en realidad significaba: “Conmigo todo, sin mí nada”. Bajo esa lógica atropelló a la sociedad civil, los órganos autónomos y al Poder Judicial. Será el pueblo quien pague el costo de la falta de capacidades públicas y de una autoridad que no respeta la ley. Si no aprendemos a distinguir entre representación y manipulación, las democracias terminarán aplaudiendo su ocaso.

Al menos, ahora vemos un intento de reencuentro nacional.

CUMULONIMBOS. "Los populistas, de derechas o de izquierdas, ofrecen soluciones falsas a problemas reales”, Michael Ignatieff.

POR BOSCO DE LA VEGA 

COLABORADOR 

@BOSCODELAV 

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