DEFINICIONES

Fin de lo inexplicable

Mantener escuelas cerradas y negar la vacuna contra COVID a niños fueron medidas tomadas desde la ignorancia y la desinformación

OPINIÓN

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Manuel López San Martín / Definiciones / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

Casi pasa de noche, pero esta semana terminó lo inentendible, lo inexplicable. El pasado lunes terminó un largo periodo de más de dos años en los que la UNAM no regresó en su totalidad a las clases presenciales. 

Miles de estudiantes debieron tomar clases a la distancia forzados por la decisión de unos pocos que, desde la comodidad de un sueldo seguro, les cerraron sus escuelas, facultades y colegios. 

El lunes pasado acabó, también, una larguísima espera para millones de niñas y niños que no podían ser vacunados contra COVID-19 por las resistencias del secretario Jorge Alcocer y el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell. A partir de esta semana, millones de menores de cinco a 11 años reciben ya dosis de Pfizer. Ninguna de las dos decisiones resiste una revisión bajo parámetros técnicos y científicos. 

Nunca hubo conocimiento en tales medidas, existió en todo caso desinformación o ignorancia, sino es que prejuicios.

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Sobre las escuelas, lo mismo la OMS que UNICEF fueron enfáticas hace, por lo menos, año y medio: debían ser las últimas en cerrar y las primeras en reabrir. 

La UNAM, caminó en sentido contrario: sus aulas fueron lo primero en cerrarse y terminaron siendo lo último en reabrirse. Los planteles educativos, con medidas y cuidados no son focos de contagio, nunca lo fueron. Lo dice el conocimiento acumulado. 

“El daño de tener escuelas cerradas es mayor que el de abrirlas”, UNICEF. “Las escuelas, con medidas sanitarias, no son foco de contagio”, OMS. “El cierre de escuelas prolongado generará una catástrofe generacional”, ONU. “No se puede esperar a que los casos lleguen a cero. Hay pruebas claras de que las escuelas no están entre los principales impulsores de la transmisión (…). La reapertura no puede esperar a que todos los profesores y alumnos estén vacunados (…). Todas las escuelas deben proporcionar aprendizaje en persona lo antes posible”, publicaron en un comunicado conjunto la UNICEF y la UNESCO, hace más de un año. “El cierre de escuelas hipoteca nuestro futuro (…). Podemos reabrir de forma segura, y debemos hacerlo”, señalaron. 

Ante la crisis educativa más grande a la que nos hemos enfrentado en la época reciente, la UNAM no estuvo a la altura. Más de dos años después, rectificó. 

Sobre la vacunación, está claro que hace meses se vacuna a menores en buena parte del mundo. Aquí miles de padres de familia debieron emprender una desgastante lucha —que incluyó amparos— contra el sector salud que sistemáticamente les negó la posibilidad a sus hijas e hijos de ser inmunizados.

 Desde hace semanas, incluso, en EU, ya se vacuna a bebés de más de seis meses. No había argumento para no vacunar a niñas y niños en nuestro país, más allá de los prejuicios de quienes guían la política de vacunación del país. 

Alcocer, incluso, llegó a decir ante diputados que él no vacunaba a sus nietos. Bien, ¿y los nietos o hijos de los demás qué culpa tienen de su decisión? 

Se acabó lo inentendible. Qué bueno que terminó lo inexplicable. Ojalá no vuelva.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN

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