DE LEYENDA

¡Basta ya!

Es momento de que los dueños de clubes y las directivas de la Federación Mexicana de Futbol hagan algo ya, esto tiene que parar, es momento de que todos nos unamos

OPINIÓN

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Gustavo Meouchi / De Leyenda / Opinión El Heraldo de México

La primera vez que fui a un estadio de futbol estaba en la prepa. Mi familia no era muy futbolera, así que mis amigos me llevaron al Estadio Azteca a un Cruz Azul vs. América. Lo que más recuerdo es salir del túnel y ver ese enorme rectángulo verde brillante y perfecto. Todos los partidos de futbol que yo había visto era televisados, y las teles en los 70, jamás fueron capaces de recuperar ese color y ninguna toma había podido ayudarme a entender las dimensiones del estadio; todo eso lo supe en el momento de pararme ahí, en la grada, a absorber esa experiencia con todos mis sentidos.

Recuerdo sobre todo el ambiente. La afición del equipo local lanzaba una porra y nosotros contestábamos; la gente bailaba, cantaba, gritaba y agitaba banderas y ver en vivo la acción del partido, saber que los jugadores están ahí, a unos metros, haciendo su magia, es mucho más emocionante.

Desde ese momento nunca dejé de ir a los estadios tanto como podía. Incluso cuando crecí y formé mi familia empecé a llevar a mis hijos desde que eran muy pequeños, apenas de dos o tres años. Yo había vivido mi infancia fuera de los campos y no quería que ellos se lo perdieran. Mis hijos no entendían demasiado lo que pasaba, por supuesto, pero ir a mezclarte con una multitud de desconocidos, a los que jamás volverías a ver, pero que gritaban por lo que tú gritabas y aman lo que tú amas, es una experiencia de comunión social que se tiene que disfrutar cada vez que sea posible.

Los estadios están llenos de familias, con niños y adolescentes y con abuelos y tíos mayores, de parejas jóvenes o adultas, de grupos de amigos, van grupos grandes o apenas un par de cuates que han quedado. Incluso, de vez en cuando, se cuela alguna persona sola que se siente acompañada gritando con la multitud que trae los mismos colores de su equipo.

Las cosas en el estadio son sencillas, unos le van  a un equipo y otros a otro. No necesitas saber nada de la gente a tu alrededor, salvo a qué equipo le van y si estás en la grada correcta y, una vez teniendo claridad sobre eso, lo que haces es dejarte llevar.

Es cierto que, con el tiempo y el trabajo, sobre todo, ha sido difícil ir al estadio tanto como quiero. También que las transmisiones por televisión han avanzado mucho y a veces es más cómodo estar en tu sofá, en pijama, que ir a ver el juego en vivo. Pero siempre que vas recuerdas que la experiencia es irreplicable y que vale la pena.

Los estadios fueron otra cosa que nos quitó la pandemia. Yo no me he animado a volver desde que esto comenzó, así que me he contentado con mirar la televisión y esperar. O así fue hasta el sábado pasado.

Todos estos días he tenido en la cabeza las imágenes de algunos videos que se difundieron, la verdad no los he podido ver todos, pocos segundos de reproducción me generan un malestar enorme. Pienso en las personas que luchan por su vida en el hospital y espero que se recuperen, pienso también en todas aquellas personas que vivieron el terror de sentirse atrapados. El estadio es un lugar para sentirte libre, para sacar la energía; gritas, brincas, cantas, te ríes, a veces, es cierto, también insultas, todas esas cosas que los adultos no hacemos en público. Y luego sales de ahí relajado y feliz. Pero no agredes a nadie, no golpeas, no lastimas y no avientas cosas ni a los jugadores ni a otros, porque la libertad no implica nunca lastimar a alguien más. Y ahora nos han quitado los estadios.

Pienso en esos niños y jóvenes que siempre tendrán miedo de regresar, en los papás que no podrán volver a sentirse seguros de llevar a sus familias o de ir ellos mismos. En toda la gente que, como todos nosotros, solo quiere ir a divertirse y que ha perdido otro espacio frente a la violencia.

Es cierto que este no es un problema nuevo. Siempre ha habido sectores de los estadios más obscuros que otros, lugares que ubicas y evitas. Admitamos también que hay ciertos estadios o partidos más complicados. Es posible que nuestra responsabilidad mayor en este asunto fuera aceptar esa derrota. Hace mucho tiempo asumimos que habíamos perdido esa pequeña batalla, que había ciertas mafias que solo se tenían que sobrellevar. No entiendo por qué, no entiendo que le dan las barras bravas al futbol nacional y por qué se toleran y promueven. Pero sí sé que esto se ha salido de las manos y creo que si todos juntos no hacemos algo pronto, lo que pasó en Querétaro se replicará en otros estadios.

Creo que los principales responsables en este momento son los dueños de clubs y los directivos de la liga profesional que no han hecho nada, que no han invertido en seguridad suficiente y no han resuelto un problema antiquísimo como el de las barras, que cada vez están más descontroladas.

Claro que la afición, las autoridades locales y la sociedad también tenemos algo que ver en este ambiente violento y descompuesto, pero el fútbol mexicano genera millones de pesos cada fin de semana, es un negocio que capitaliza emociones y no es correcto que no haya un compromiso real en brindar seguridad a todos los asistentes.

Lamento muy profundamente lo que está pasando la afición de Gallos Blancos y del Atlas; lamento mucho lo que está pasando toda la afición del futbol mexicano y creo que muchos como yo estamos preocupados y trataremos de hacer lo que podamos, pero creo que es momento de que los dueños de clubes y las directivas de la Federación Mexicana de Futbol hagan algo ya, esto tiene que parar, es momento de que todos nos unamos y gritemos juntos: ¡Basta ya!

POR GUSTAVO MEOUCHI
COLABORADOR
@GUS23258924

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