ANÁLISIS

Distracción y corrupción

Este tema ha sido una herramienta de acción política y objeto de estudio en las teorías del conflicto

OPINIÓN

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Rodrigo Guerra López / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

El fino arte de distraer es un recurso político profundamente asociado a la corrupción. “Distracciones” son todas las actividades que evitan que la persona atienda un asunto de manera sostenida. La distracción puede ser terapéutica: los temas obsesivamente presentes en la conciencia requieren que, de cuando en cuando, los seres humanos se “distraigan” deliberadamente. Toda la industria del “entretenimiento” ha desarrollado recursos efectivos para “distraer” o “divertir”.

Sin embargo, la distracción ha sido también una herramienta de acción política. El fino arte de distraer ha sido objeto de estudio en las teorías del conflicto y en las ciencias políticas, a través de los siglos.

Juvenal, en la primera mitad del siglo II, denuncia la estrategia de algunos políticos romanos de buscar las simpatías del pueblo a través del clientelismo, repartiendo dádivas y habituando a la gente a no pensar críticamente sobre el bien real de la ciudad. Maquiavelo, en “El Príncipe”, explicará la capacidad del Rey Fernando V de Aragón de utilizar una controversia externa, en este caso con Granada, para ganarse el apoyo de la élite de Castilla. En la actualidad, existen numerosas investigaciones en el terreno de la denominada “teoría de la guerra de distracción”, que analizando conflictos históricos buscan ayudarnos a asimilar algunas lecciones sobre el papel de los “chivos expiatorios”, la pirotecnica política y la generación de distractores para que la sociedad no preste atención a lo verdaderamente urgente y necesario.

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En América Latina, los líderes neo-populistas, de uno u otro signo, nos muestran continuamente su infinita creatividad para distraer al pueblo. Los recursos más comunes son: a) linchar mediáticamente a enemigos reales o imaginarios; b) organizar diversiones populares que logren un cierto grado de enajenación colectiva; c) ofrecer dádivas directas para desactivar la crítica de los sectores potencialmente más desestabilizadores. Es importante entender el hecho de que algunos de estos líderes neo-populistas se vendan como pertenecientes a la “izquierda” o a la “derecha”, en la práctica, se torna irrelevante. En todos los casos, el fenómeno asociado prevaleciente es el “crony capitalism”, el “capitalismo de cuates”, que genera nuevos acuerdos oligárquicos y mayor corrupción.

El Papa Francisco, antes de ser elegido Pontífice de la Iglesia católica, escribió un pequeño pero potente libro sobre “Corrupción y pecado”. En él, al meditar sobre este tipo de cuestiones, afirma: “Una de las características del corrupto frente a la profecía es un cierto complejo de incuestionabilidad. Ante cualquier crítica se pone mal, descalifica a la persona o institución que la hace, procura descabezar toda autoridad moral que pueda cuestionarlo, recurre al sofisma y al equilibrismo nominalista-ideológico para justificarse, desvaloriza a los demás y arremete con el insulto a quienes piensan distinto (cf. Jn 9,34).” (…) “Persiguen imponiendo un régimen de terror a todos aquellos que los contradicen (cf. Jn 9,22) y se vengan expulsándolos de la vida social (cf. Jn 9,34-35). Le tienen miedo a la luz porque su alma ha adquirido características de lombriz: en tinieblas y bajo tierra”. Más claro, ni el agua.

POR RODRIGO GUERRA LÓPEZ
SECRETARIO DE LA PONTIFICIA COMISIÓN PARA AMÉRICA LATINA
RODRIGOGUERRA@MAC.COM

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