COLUMNA INVITADA

El día más feliz de la patria

Fue Agustín de Iturbide, coronel del ejército realista, triunfador de mil batallas, quien gestó la idea de que la Nación Mexicana no podría nacer independiente sin el concurso de todos, sin ideas fundacionales compartidas, sin diálogo y sin política

OPINIÓN

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Cecilia Romero/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

La Consumación de la Independencia de México se logró por el genio militar, la estrategia política yla voluntad decidida para hacer realidad el anhelo de la inmensa mayoría de quienes habitaban en la Nueva España.

Durante once años, a partir del Grito de Dolores, se sucedieron insurrecciones; algunas concitaron una gran respuesta y otras se refugiaron en las montañas.  La falta de comunicación entre los jefes insurgentes, la ausencia de un liderazgo unificador, así como los graves acontecimientos que se sucedían en España a inicios de 1821, avivaron en los habitantes de Nueva España temores, impulsos y deseos de independencia. 

Fue Agustín de Iturbide, coronel del ejército realista, triunfador de mil batallas, quien gestó la idea de que la Nación Mexicana no podría nacer independiente sin el concurso de todos, sin ideas fundacionales compartidas, sin diálogo y sin política.

En el Plan de Iguala, del 24 de febrero de 1821, Iturbide plasmó en 24 puntos los pasos que debían seguirse para lograr la independencia del Imperio Mexicano, con un gobierno de Monarquía moderada, sostenido por el Ejército de las Tres Garantías: Religión, Unión, Independencia. Vicente Guerrero, jefe insurgente de la zona, se unió a él en Acatempan.

Siguió a continuación la última etapa de la guerra de independencia, y la definitiva.  Iturbide tuvo grandes triunfos contra las fuerzas del Virrey, quien lo declaró traidor, pero los jefes insurgentes y sus tropas se aliaron cada vez en mayor número al Ejército Trigarante. 

El 24 de agosto, Don Juan O’Donojú, Teniente General de los Ejércitos de España, suscribió los Tratados de Córdoba con Agustín de Iturbide, Primer Jefe del Ejército Imperial Mexicano de las Tres Garantías, aceptando que: “Esta América se reconocerá por Nación soberana e independiente y se llamará en lo sucesivo Imperio Mexicano”.  La diferencia fundamental entre el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba, ambos de la autoría de Iturbide, es que el primero es una proclama firmada por su autor, y el segundo es un compromiso formal firmado por sendos representantesde España y de México, una auténtica concertación.

El 27 de septiembre de 1821 se consuma la Independencia. La entrada triunfal, incruenta, apoteósica, de 16,000 hombres que formaban el Ejército Trigarante, a la capital de la Nueva España, engalanada con banderitas tricolores y papel picado, marca el nacimiento de México. El historiador Lucas Alamán dice que fué “El día más feliz de la patria”.

En su obra ‘Un Siglo de México’, Alfonso Junco señala que “El regocijo del pueble era inenarrable, todos sus habitantes sin excepción buscaban sus más lucientes galas, porque ese pueblo iba a iniciarse en la vida de la libertad.  Fue también el día de concordia, el amor y la fraternidad.  Por todas partes se abrazaban y felicitaban ricos y pobres; mexicanos y españoles; militares y civiles…”.

Que el bicentenario de aquella epopeya nos mueva a entender que México somos todos, que México nos necesita a todos, y que entre todos tenemos que seguir construyéndolo.

POR CECILIA ROMERO CASTILLO
COLABORADORA
@CECILIAROMEROC

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