COLUMNA INVITADA

No es la inversión, es el proyecto: El deporte en México agoniza

El problema es que no hay un proyecto de largo plazo con mediciones serias y confiables

OPINIÓN

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Luis Miguel Martínez Anzures / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Durante muchas décadas el deporte mexicano ha estado sumergido en una profunda espiral de abandono, retraso tecnológico y presupuestal. Muchas naciones del orbe han dado muestras claras de que cuando se quiere invertir en el proyecto de salud corporal en una sociedad, los resultados en el deporte de alto rendimiento empiezan a generarse de manera automática.

El problema en México es que gobiernos van y vienen, y no se logra entender que la asignación de los recursos públicos destinados a la promoción de la cultura física en México y el deporte de alto nivel, son cosas que van por caminos diferentes más no disociados. Expliquemos mejor esta idea.

La promoción del deporte en la vida cotidiana de los mexicanos es una política pública, que debe llevarse a cabo, de manera permanente y con la suficiente cobertura para poder establecer oportunidades y espacios en beneficio de todos los ciudadanos de este país que quieran ejercitarse. Su puesta en marcha reforzaría la estrategia de prevención de enfermedades como la obesidad o la diabetes que a diario cobran la vida de miles de personas en México.

En este sentido, el ejercicio influye en el adecuado desarrollo evolutivo de las personas, así como de sus actividades cotidianas, porque les brinda mejores perspectivas sociales al mejorar sus niveles de estrés y sus procesos internos para desechar toxinas nocivas en su organismo. No está por demás decir, que el deporte en México y el mundo, es un poderoso elemento transformador del aspecto social y cultural de cualquier comunidad que desee analizarse. Por esta razón, las prácticas de actividad física son formativas en la mentalidad y el comportamiento del ser humano ayudándolo a ser un mejor individuo. Los griegos lo sabían, por ello la educación del cuerpo y la mente eran complementarias e igualmente importantes en la formación del ser humano.

Por otro lado, el deporte de alto rendimiento es el resultado de un diseño institucional que jamás ha estado orientado a producir atletas de élite a gran escala para representar al país en las diferentes competencias internacionales. México a lo largo de su historia, no ha sido una fábrica de deportistas del más alto nivel, aunque jamás había producido una escasa cantidad como hasta ahora.

El problema que aqueja a los atletas en el país no es la falta de corazón, de ganas o de espíritu. La gran dificultad que enfrentan es la carencia de apoyos y una historia de poco interés por su difusión y promoción en el país.

Tan solo en los últimos 10 años, el presupuesto aprobado para la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) disminuyó 51% en cifras nominales. Si consideramos los datos reales, es decir descontando el efecto de la inflación, la caída es de 66%. Y no es que cada vez haya menos dinero en las arcas públicas, más bien hay otras prioridades, pues en el mismo periodo, el total del presupuesto de egresos de la federación aumentó 88% en términos nominales, mientras que en reales creció 29%.

Quizás ese es el enorme problema para resolver esta situación, que no hay voluntad política para cambiar este panorama. La visión en México hacia el deporte es que se le concibe como un gasto y no como una inversión que puede convertirse en un catalizador para cambiar el tejido social de muchas entidades del territorio nacional.

En el documento de la exposición de motivos del presupuesto federal, el gobierno señala que “como una parte importante del impulso al deporte de excelencia, se promoverá elevar el nivel competitivo de los atletas de alto rendimiento desde su iniciación y desarrollo a través de los Centros de Alto Rendimiento”. Para ello, y para apoyar a los atletas que participan en los Juegos Olímpicos, se asigna el presupuesto de 2,676.5 millones de pesos para la Conade, que equivale a 0.056% del total del presupuesto. Mientras que, en 2011, se le asignó más: 0.21% del total.

Hasta ahora, todo indica que un mayor presupuesto trae mejores resultados al menos así ha sido como ha venido comportándose el funcionamiento del deporte en este país.  En los últimos 16 años, el 2012 —los Juegos Olímpicos de Londres— fue el mejor año en términos de monto del presupuesto para la Conade, cuando se le asignaron 6,147.4 millones de pesos. Durante esas competencias, los atletas mexicanos obtuvieron 8 medallas, su mejor desempeño en la historia.

Lo que el análisis de todos estos números nos deja, es que al parecer existe una correlación directa entre la inversión al presupuesto de la Conade y el número de medallas olímpicas obtenidas en una justa deportiva tan importante como la que acaba de efectuarse. Sin embargo, el problema, es mucho más complejo, pasa por no saber definir que es lo que se quiere, de qué manera se desea alcanzar y en cuanto tiempo puede llevarse a cabo.

Es decir, no hay un proyecto de largo plazo con mediciones de rendimientos serios y confiables que logren, no solamente establecer objetivos reales, sino una trazabilidad eficiente sobre el desarrollo formativo que se le quiere dar a los ciudadanos de este país en el aspecto social y cultural.

Porque sencillamente la cultura deportiva no forma parte de la agenda política de los tomadores de decisiones y la salud al igual que el deporte no son pilares fundacionales de la sociedad mexicana. Hasta que eso no cambie seguiremos viendo malos resultados en las justas deportivas y hospitales llenos de personas enfermas con padecimientos crónico-degenerativos.  

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES
PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

MAAZ