DESDE AFUERA

La larga campaña presidencial

Se ve una competencia como en los viejos tiempos, para agradar al único voto que parece necesario, y una nominación con olor a ungimiento

José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Vista desde afuera, la idea de saber quién desea ser Presidente está lejos de ser rara. De entrada, está el ejemplo del vecino estadounidense, donde ya se sabe con certidumbre de varios probables aspirantes presidenciales en 2024.

Pero en México, la condición es un tanto distinta, luego del "destape" de aspirantes a la candidatura presidencial del movimiento Morena.

Que haya sido con la pública anuencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, a por lo menos dos años de que llegue el momento de formalizar la designación de su sucesor, pone muchas cosas sobre la mesa.

No se trata de cuestionar la calidad o la estatura de los presuntos candidatos. 

Pero la verdad, quedan dudas.

El cambio mayor es que se hace público lo que antes era supuesto. Podría decirse que, a partir de este momento, los aspirantes actuarán en función de sus prospectos como candidatos, sean aquellos a los que se consideran punteros o los que no tienen oportunidad, aunque ellos piensen otra cosa. 

El hecho es que todo lo que hagan y digan será visto con ese lente. 

Porque sería difícil creer que el proceso nominativo de Morena vaya a resolverse en una elección "primaria" abierta, una convención o una de esas consultas con resultado que parece predeterminado, aunque se realicen. 

Más bien, se ve como una competencia como en los viejos tiempos, para agradar al único voto que parece necesario, y una nominación con olor a ungimiento.

Y en ese sentido, ¿cómo se va a garantizar que sus sugestiones o acciones vayan a ser determinadas por un interés otro que adelantar posiciones en la carrera presidencial? O ¿quién va a hacerse responsable de supervisarlos?

Eso, sin contar que al menos tres de los aspirantes tienen entre sus colaboradores a operadores políticos veteranos y experimentados.

¿Estarán esos activistas en la nómina de las dependencias donde se encuentran los presuntos aspirantes?

¿Y cómo se cuidará lo que hagan y gasten sus aliados?

Teóricamente la supervisión sería por el INE, pero... 

Cierto que la mayor diferencia es que antes "todo mundo" sabía de los ambiciosos aunque no lo declarasen y se sabía quienes jugaban con quién y con qué. Y los gastos de precampaña pasaban con cargo al presupuesto de la dependencia comprometida o la de sus aliados.

Ahora la precampaña es formal y cuenta con la autorización presidencial. La bendición vendrá después. Pero ¿podría alguien decir qué tanto cambió?

La verdad, las reglas de sucesión presidencial parecen repetirse, y el momento político que ahora vive México deja al menos esa sensación, pese a las buenas intenciones.

Para algunos, revitaliza una tradición: la de que quien obtenga la candidatura de Morena será quien ofrezca más posibilidades de continuidad al proyecto del actual mandatario. 

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

DZA