México-EEUU: una línea fina

Estados Unidos "deberá caminar una línea muy fina" en la relación con México, para evitar que se levante el fantasma del nacionalismo, mientras se enfatiza la importancia de la cooperación bilateral

México-EEUU: una línea fina
José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

Estados Unidos "deberá caminar una línea muy fina" en la relación con México, para evitar que se levante el fantasma del nacionalismo, mientras se enfatiza la importancia de la cooperación bilateral.

El señalamiento del exembajador Anthony Wayne refleja lo que parece una creciente preocupación sobre el futuro de la relación entre los dos países, durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Además, muestra la cautela con la que el gobierno de Joe Biden trata de llevar la relación con uno de sus más importantes socios, que tiene la capacidad y la posibilidad de afectar sus intereses económicos, sociales, políticos y estratégicos.

Una frontera de tres mil 200 kilómetros es un motivo de interés y preocupación para cualquiera, al igual que un comercio de 600 mil millones de dólares tiene impacto real sobre la estrategia de la empresa privada estadounidense, cuando busca alternativas para sacar sus cadenas de suministro de China y acercarlas a América Latina y el Caribe.

Eso implicaría inversión y empleos en México, pero  también incrementaría su de por sí acentuada vinculación social, política y estratégica con el vecino del norte.

En términos geopolíticos, la posibilidad de Norteamérica como región parece necesaria, sobre todo, ante la creciente regionalización de economías en otras áreas del mundo.

Pero al mismo tiempo, existe la impresión de que hay un deterioro en los vínculos con el principal poderoso vecino del norte, luego de las quejas atribuidas al mandatario, que van del público señalamiento sobre el financiamiento a grupos opositores, como "Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad", a presuntas intenciones injerencistas del gobierno estadounidense.

Y de hecho, algunas de esas intenciones son visibles en demandas de la organización sindical estadounidense AFL-CIO por violaciones a derechos laborales, en señalamientos de Human Rights Watch por problemas de derechos humanos y en quejas del American Petroleum Institute por las dificultades para inversionistas privados en México

López Obrador y muchos mexicanos resienten las denuncias de organismos no gubernamentales o grupos de interés sobre disposiciones, hechas a partir de normas incluidas en el Tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).

Algunos alegan que el mandatario recurre al nacionalismo para fortalecer su postura de negociación. Pero las quejas del lado estadounidense no se dan sólo a partir de posiciones gubernamentales, sino de grupos que sienten afectados sus propios intereses y trata de defenderlos.

Pero parece mucho una cuestión de términos y de reanudación de contactos y diálogos, como señaló Anthony  Wayne. Y no hay duda de que exigirá una diplomacia cuidadosa, atención y mucho trabajo.

La relación nunca ha sido fácil y nada indica que lo vaya a ser en el futuro inmediato. Pero la viabilidad del proyecto de López Obrador está en el trabajo con la economía estadounidense. 

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

MAAZ


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