¿Me regreso o continúo?

Intenté ponerme bien los crampones, algo que nunca había podido hacer

¿Me regreso o continúo?
Laura Elena Gerdingh / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

Intenté ponerme bien los crampones, algo que nunca había podido hacer.  La capa de hielo hacía imposible continuar sin ellos.  Los compañeros con los que iba no tenían equipo y no podrían continuar.  Mi coach había tomado otra ruta.  Así que ahí estaba yo después de 90 minutos de haber empezado a caminar con la disyuntiva.  Me regresaba con los demás o continuaba por mi cuenta.  Regresarme hubiera sido para mi absolutamente frustrante, tanto esperar, entrenarme para esta vez si hacer cumbre, despertarme de madrugada, arreglar todo para que mis hijas estuvieran bien en mi ausencia para a los 90 minutos de haber iniciado el ascenso tenerme que regresar!!  Sabía que esto me  dejaría tan enojada que me amargaría el día, y quizá la semana. 

Después de un par de intentos fallidos logré ponerme los crampones.  Eso me dio seguridad en mi misma.  A veces así pasa, para alcanzar los grandes objetivos es importante ir conquistando metas mas pequeñas, que por un lado nos acercan al final y por otro nos dan una sensación de éxito que nos empodera.  Entonces empecé a caminar para ver cómo me sentía escalando con ellos, me sentí segura.  Hay que ser cautelosos y responsables en la montaña.  No es aconsejable ir sólo.  Si se te tuerce un pie, si necesitas ayuda y vas sólo te encontrarás en graves aprietos.   Era evidente que no iba a exponer mi vida.  Observé lo que me esperaba adelante si continuaba, el paso no era estrecho y no estaría en riesgo.  Si pasaba mucho tiempo sin encontrarme con grupos me regresaría. Me dí cuenta de que la decisión ya estaba tomada.   Así como la vez pasada yo vi partir a mis amigos mientras  me quedé sin fuerzas para continuar.  Ahora mis amigos me vieron alejarme deseando poder hacer lo mismo.  “Haz que lo valga” me dijeron.  

Empecé a avanzar con ímpetu, pero  siendo muy consciente de mi misma.  De la sensación al caminar, de mi cuerpo, de que no diera señales de mal de montaña, que nunca me ha dado, pero sé que puede suceder en cualquier momento.  Mi cuerpo se sentía fuerte, determinado, con paso seguro.   Sabía que una forma de protegerme era hablando con quienes encontrara a mi paso.  Me preguntaban si iba sola y les explicaba mi situación.  Mis amigos habían regresado y uno mas había tomado el camino de Ayoloco y nos encontraríamos mas arriba.   Me orientaban sobre cuál era la ruta, aunque me dí cuenta de que conozco mejor el camino de lo que pensaba.  Paso a paso me sentía cada vez mas dichosa.  Me descubrí pudiéndome cuidar.  Me hidrataba cuando me hacía falta, comía cuando lo necesitaba y tomaba fotos cuando quería.  Que libertad!!  Qué sensación!!  Por varios minutos no me encontré a nadie en el camino.  Estábamos solas la mujer dormida y yo. Ella me abrazó y mi corazón se le entregó. Y desde lejos el Popocatépetl nevado, misterioso, silencioso era testigo de ese encuentro entre la montaña y yo. 

Llegué al albergue de los cien y no paré, determinada seguí ascendiendo sin ninguna señal de que los 4780 m de altura me estuvieran afectando.   Antes de llegar a la cruz de Guadalajara un alpinista me hizo ver que detrás de nosotros venía una gran nube. Las tormentas en la montaña son peligrosas.  Hube de regresar.  Esta vez tampoco hice cumbre.  No me importó,  mi meta era una, pero la vida me presentó otras.  Tomar una decisión cuidándome, hacerme responsable de mi misma, tener una cita a solas con la mujer dormida…. logré tantas cosas, incluyendo ver varios hermosos paisaje de la montaña nevada, que  aún sin llegar a la cima, el día me supo a éxito y mi alma de exploradora se sintió extasiada.

POR LAURA ELENA GERDINGH
PSICOTERAPEUTA/SPEAKER
@LGERDINGH

dza


Compartir