Domingo 20 de Junio 2021
COLUMNA INVITADA

Reconfiguración del mapa político

Lo que los resultados de este 6 de junio reflejan, es que el péndulo de las preferencias electorales nunca se mantiene inerte y su oscilación puede reflejar la voluntad ciudadana

Luis Miguel Martínez Anzures / Opinión El Heraldo de México
Luis Miguel Martínez Anzures / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Las elecciones en el mundo de las democracias contemporáneas son procesos siempre muy interesantes y complejos que hay que seguir en aras de entender el rumbo que tomarán los gobiernos y los países que se estén analizando. Tal y como lo vaticina el juego partidista y las reglas de la democracia, en política ningún triunfo es perenne y la dinámica de la competencia por el poder siempre es cambiante.  Los que hoy son ganadores después pueden dejar de serlo, esa es la naturaleza de la democracia. 

En este sentido, hace no menos de una semana muchos analistas vaticinaban una elección muy competida con amplios márgenes de triunfos electorales para los partidos de oposición al grupo político de MORENA. Tuvieron razón, parcialmente. 

Lo que los resultados de este 6 de junio reflejan, es que el péndulo de las preferencias electorales nunca se mantiene inerte y su oscilación puede reflejar la voluntad ciudadana, pero también, los errores de las cúpulas partidistas que al final terminan echando a perder una buena campaña en favor de cierto candidato(a). 

En este sentido, el termómetro electoral refleja la sofisticación del electorado en México, la cuál comienza a dar frutos y la gente en este país, empieza a darse cuenta de que el peso específico de su voto, si puede traducirse en cambios que instrumenten una modificación de rumbo respecto a como se llevan las cosas hasta esos momentos en el lugar donde viven.  

La ecuación es muy sencilla: la reivindicación del voto se da en favor de aquellos que han trabajado para generar bienestar en su comunidad. Quien ha dado resultados obtiene como premio la confianza ciudadana y por ende el sufragio a su favor. 

Como resultado de todo esto, el pueblo de México ha ratificado en las urnas su apoyo para Morena y la Cuarta Transformación, aunque con matices y quizás algunos contrapesos.  Los resultados electorales demuestran que la mayoría de los mexicanos han decidido continuar con la ratificación del mandato en las urnas ejercido en el 2018 en favor del proyecto que ostenta la 4T; pese a ello han decidido castigar varias zonas gobernadas por esta expresión política, las cuáles no presentaban buenos candidatos o simplemente no dieron buenos resultados durante su gestión. Una prueba de ello puede apreciarse en la capital del país. 

Pese a ello, la coalición “Juntos Haremos Historia”, conformada por Morena y los partidos del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM), retuvo la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, que tendrá un máximo de 292 integrantes y en el peor de los casos 265, 14 más de los necesarios para reformar leyes sin necesidad de otras fuerzas parlamentarias. 

A nivel partidista, Morena logro consolidarse como el principal ganador al obtener el 35.8 por ciento de los votos, menor al 37.25 por ciento que obtuvo en 2018, mientras que sus aliados el PVEM logró entre 5.5 y 6 por ciento, ligeramente mayor al 4.70 por ciento de hace tres años, y el PT alcanzó entre 3.1 y 3.5 por ciento, poco menos del 3.92 por ciento de la anterior elección federal. 

Por su parte, los partidos de “Va por México” elevaron su porcentaje de votación respecto al 2018: El PAN subió del 17.93 por ciento de hace tres años a un rango de entre 18.5 y 19.3 por ciento, mientras el PRI conquistó entre 17.8 y 18.5 por ciento, poco más del 16.53 por ciento de la anterior elección y el PRD se derrumbó del 5.27 por ciento de hace tres años a casi perder el registro con un porcentaje de entre 3.5 y 3.9 por ciento. 

El problema con dicha coalición es que representa al mismo tiempo, la terrible pobreza que cada uno de los integrantes de este frente tienen en su condición individual. Es decir, el PAN, el PRI y ya ni hablar del PRD, no podrían siquiera arrebatarle un 20% de las preferencias electorales para el congreso nacional a MORENA. Lo anterior es la causa principal por la que solamente juntos pueden tratar de ser un contrapeso en el Congreso. Lo preocupante es que el mencionado frente partidista, responde más a un efecto coyuntural, que meramente a una plataforma alternativa de un proyecto para gobernar al país, desde otra visión de Estado. Esto simplemente no existe en estos partidos. Lo único que los une, es ser opositores al presidente de la república y a su partido. 

La ausencia de una agenda programática puede terminar siendo el elemento que desarticule esta unión, el tiempo lo dirá. 

En el plano nacional, Morena alzaría la mano en 10 de los 15 estados en disputa (los resultados aún podrían cambiar, aunque las tendencias parecen irreversibles) e inclusive 11 (considerando a SLP con el PVEM y PT). Lo que esta elección deja son grandes lecciones al partido en el poder quien se ha alejado de las clases medias urbanizadas. Por otra parte, el desdibujamiento de los partidos opositores pudiera ser un pegamento poco efectivo para articular de manera eficaz un bloque propositivo a la actual forma de gobernar de los morenistas en el país.  

Los resultados de las siguientes contiendas electorales próximas a efectuarse serán un buen indicador de lo que pasará en el 2024.

Por LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES
PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

dza