DESDE AFUERA

Putin, Stalin y la Nostalgia

Pero ahora, de creer a algunas versiones, el culto a José Stalin se encuentra al alza en la Federación Rusa, como se llama hoy la antigua Rusia/Unión Soviética

José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Por años, el nombre de José Stalin ha tenido tres rostros: el del empecinado defensor de la Unión Soviética frente al ataque de las fuerzas nazis, durante la II Guerra Mundial, el del brutal represor que fue antes y después del conflicto en nombre del socialismo soviético, y el del taimado político convertido en ser un dictador absolutista.

Cualquiera sea la faceta que se desee creer, no es ciertamente alguien a quien se desearía como vecino, o como gobernante.

Pero ahora, de creer a algunas versiones, el culto a José Stalin se encuentra al alza en la Federación Rusa, como se llama hoy la antigua Rusia/Unión Soviética.

Para unos se trata de una evocación patriótica, derivada del 80 aniversario de la invasión nazi y el inicio de la formidable y al final exitosa resistencia soviética; para otros, simple nostalgia nacionalista por tiempos en los que el gobierno soviético infundía temor y respeto a propios y extraños.

Para algunos más es un ominoso anuncio, el de las intenciones autoritarias de un Presidente empeñado en recuperar las glorias rusas, por lo menos mientras le ayuden a mantenerse en el poder.

Hay quien considera que se trata de una "rehabilitación" de Stalin, que refleja lo que la cadena de televisión estadounidense NBC definió como "reflejo de las tensiones sociales y políticas que se han apoderado de Rusia".

El punto es simple. "Para algunos, la memoria de Stalin sugiere una era de grandeza nacional, y el presidente Vladimir Putin ha promovido la imagen de Stalin como una forma de desviar las críticas a su propio liderazgo, mientras lidia con índices de aprobación decrecientes, una economía lenta y acusaciones de corrupción".

Para otros, como el sociólogo Lev Gudkov, del Centro Levada, Putin "necesita símbolos de autoridad y fuerza nacional, por muy controvertidos que sean, para validar el nuevo orden político autoritario. Stalin, un líder despótico responsable del derramamiento de sangre masivo, pero aún identificado con la victoria en tiempos de guerra y la unidad nacional, se ajusta a esta necesidad de símbolos que refuercen la ideología política actual". 

Sea como sea, hoy se levantan nuevos bustos y estatuas a Stalin, en el mismo país donde el repudio a su estilo de gobierno, que no a su ideología, comenzó literalmente tan pronto terminó su funeral, tras su deceso el dos de diciembre de 1953.

En cierta forma, ese nuevo culto encubre los problemas de la nueva Rusia, un país que como sus predecesores, el viejo imperio zarista o la URSS, está obsesionado por una situación geopolítica complicada y favorecida por su enorme geografía, sus vastos recursos naturales y la percepción de amenaza latente a lo largo de sus 18 fronteras.

Pero al cultivar la imagen de Stalin como vencedor de la II Guerra Mundial y "hombre fuerte de un país fuerte", Putin evoca a uno de los grandes represores mundiales y ofrece un equívoco mensaje de sus propias intenciones y necesidades.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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