Lecciones de una guerra que no acaba

Una de las grandes lecciones que esta guerra sin cuartel ha dejado tras de sí, es el no poder bajar la guardia en ningún momento de la misma

Lecciones de una guerra que no acaba
Luis Miguel Martínez Anzures / Opinión El Heraldo de México

Una de las grandes lecciones que esta guerra sin cuartel ha dejado tras de sí, es el no poder bajar la guardia en ningún momento de la misma. Pese a la aparición de la vacuna o de la disminución en los niveles de contagios en varios países del mundo, algo ha quedado muy claro, el COVID 19 no ha muerto y sus enormes consecuencias tampoco.

Chile por ejemplo, atraviesa el peor momento de la pandemia, con más de 8 mil contagios diarios en los últimos días y un récord de ocupación de sus unidades médicas. Todo lo anterior, pese a que 45% de su población, siete de los 19 millones de habitantes, ha recibido al menos una dosis de la vacuna, según los últimos datos facilitados por su ministro de Salud.

La presente oleada ha sido superior al pico de la primera, registrado en junio del año pasado, y ha logrado escalar hasta esas cifras con mayor  rapidez. Al parecer, la excesiva confianza de los ciudadanos, derivada de la rápida campaña de vacunación, y que esta arrancase cuando las nuevas variantes ya estaban presentes en el país, serían las principales causas en el aumento de casos.

El país andino ha batido récord de igual manera, en el número de pruebas realizadas: alrededor de 20 mil que fueron aplicadas en 2020 y 73 mil en este año. Pese a ello, en palabras de su titular de salud.  El año pasado  los chilenos tardaron tres meses en subir el pico de la curva de contagios, mientras que en lo que va del mes de marzo, ya se tienen números superiores, en apenas ese lapso de medición. Todo es inaudito.

Ya que hace algunos meses, el país de los andes logró abastecerse de vacunas como ninguna nación de la región y, gracias a su fuerte sistema de salud primaria, había podido desplegar una campaña veloz y de las más exitosas del mundo.

¿Qué ha fallado entonces?

Para responder a esta preocupante situación muchos de los expertos y analistas han referido que la culpa es del gobierno en turno,  por no poder emitir de manera adecuada mensajes informativos, para que toda la población siguiera cuidándose y no pensarán  que la realidad había sido superada.

Otros tantos, mencionaron que a pesar de la aplicación masiva de las vacunas, solo era una falsa esperanza, ya que si el medicamento no lograba permear  al menos el 70% de la población, los efectos no se reducirían sustancialmente.

Interpretaciones y teorías para tratar de explicar lo que está sucediendo, seguirán creándose con el pasar de los días.  

La experiencia de Chile es importante y muy valiosa toda vez, que  es a partir, de la implementación intensiva de millones de vacunas que su población, así como sus autoridades, relajaron sus medidas sanitarias y controles de detección de nuevos casos,  fomentando un falso alivio colectivo con relación a la situación originada por el COVID-19.

México y muchos países en el mundo deberán tomar en consideración esta clase de experiencias, aún después de alcanzar los objetivos en sus índices de inoculación. No queda mucho tiempo para aprender.

Por LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES
PRESIDENTE DEL INSTITUTO NACIONAL DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

maaz

 


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