Crecer es involuntario

Como cuando caminas con unos zapatos y es imposible dar un paso más. Lo mismo pasa con nuestra mente, espíritu y conciencia

Crecer es involuntario
Paola Albarrán / Aire para pensar y dejar pensar / Opinión El Heraldo de México

Crecer es un juego al que jugamos de pequeños donde el tiempo no importaba y la regla era vivir en el presente mientras jugábamos a desempeñar alguna profesión. Cuando somos grandes el tiempo sí importa y el juego se vuelve al revés, pues ahora jugamos a estar presentes.

Crecer es saber que tu tiempo es el recurso más preciado y es de sabios saberlo administrar. Crecer es seleccionar minuciosamente con quién quieres compartir ese tiempo, es poner los acentos donde los lleva la vida para que entonces pueda sonar una armonía que te acompañe a tu son. Es aprender a bailar con lo que tienes y saltar algunos pasos, al ritmo que nos toque.

Crecer es alimentar tu mundo que no se ve y hacerlo florecer en lo que sí se ve, es ponerle micrófono a los libros y a las personas que merecen tenerlo. Escuchar a tus consejeros y silenciar aquello que contamina, tener un ancla en la fe y alimentar los sueños que amenazan con extinguirse con más frecuencia.

Es una manera de saber que no perteneces más cuando las conversaciones te absorben y las ideas recicladas te nublan; que todo se complementa, cada conversación y bocado, cada historia y mirada, cuando tejes sonrisas con recuerdos, cuando transformas destinos de un mapa en destinos de vida.

Es saber soltar, dejar ir, que se aleje, y mientras lo haces, que sea con gratitud y con certeza de que volverá disfrazado de otra cosa, de algo más. Perdonar es crecer. Es replantear los miedos y contarte una historia diferente.

Es aprender que la vida es un paquete envuelto imposible de saber lo que contiene, es saber que sólo tú eres el responsable de ponerle título a cada caja, es saberte inteligente de disfrazar un mal trago o ponerle flores a una tragedia.

Saber con quién cuentas, quitarles títulos y aprender a ver miradas y temblar de alegría por contar con ellos. También es conocerte y dedicarle tiempo a hacerlo, pues eres tu compañero eterno, mezcla de virtudes y defectos.

Es aprender a ser fuerte de fondo, suave de formas, mano izquierda, que no lastima pero que forja, y también contar con una mano derecha que no suelta riendas, que amarra lo más importante y aquello con lo que no se puede negociar ni ceder.

Es saber que la mejor elección de todas siempre será la paz por encima de cualquier cosa, que es mejor que tener la razón o de salir en la portada de cualquier publicación, tener paz es la mayor recompensa que se pueda alcanzar, decir tu verdad sin perder la paz, es de lo más bonito que se puede experimentar. Es encontrar tu luz y confiar en ella, pues ilumina más que cualquier estrella.

Crecer ante la adversidad es una opción, pero también puedes elegir crecer por amor propio por decisión consciente, por valentía pasiva, demostrando tu entereza cuando se trata de surcar olas complicadas.

Cuando creces te das cuenta que no es un juego de niños, que crecer conlleva mucha sabiduría y templanza cuando estás convencido de tu destino, lleva muchos silencios profundos, lleva palabras bien puestas, pero sobre todo el arte de hacerlo en coherencia.

POR PAOLA ALBARRÁN
PAOLAALBARRAN1@GMAIL.COM
PAOLAALBARRAN.COM.MX
@PAOLAALBARRAN

avh


Compartir