Otro Día del Niñe sin ley de infancias trans

La ley de infancias trans la necesitamos y la necesitamos ya.

Otro Día del Niñe sin ley de infancias trans
Láurel Miranda / Ser es resistir /. Opinión El Heraldo de México

En mi infancia me gustaba jugar con carritos, amaba el color azul y cada domingo acompañaba religiosamente a mi papá a un campo llamado Pancho Villa para verlo jugar futbol (esto último no era tanto de mi agrado, a decir verdad). En pocas palabras, fui una persona que disfrutaba con las actividades comúnmente asociadas a lo masculino, algo que no llamaba la atención ni de mis padres, ni de mis primxs, ni de mis amigues porque ése había sido el género que me asignaron al nacer.

Lo que digo posiblemente cause sorpresa entre quienes aseguran que las infancias trans no existen, que sólo son niñas y niños resistiéndose a comportarse bajo las definiciones restrictivas que la sociedad impone sobre cómo debe ser una niña o un niño. Para estas personas, si yo soy una mujer trans, al hablar de mi infancia debería asegurar que era una niña atrapada en el cuerpo de un niño… o que moría por dejarme el cabello largo… o que deseaba con todas mis fuerzas jugar con muñecas o lucir vestidos y zapatos con flores y colores rosados. Pero no. Quiso el destino que yo tuviera una infancia en la que para nada me resistía a comportarme bajo lo que la sociedad esperaba de mí. Y aún así, heme aquí: soy una mujer trans. 

"Ser trans va más allá de la expresión de género"

Y es que como bien dice la filósofa Siobhan Guerrero, “lo trans va mucho más allá de la expresión de género. Creer que ser trans es ‘querer verse de cierta manera’ es vaciar la densidad ontológica de lo trans”. Pensar que las identidades trans somos personas cooptadas por los estereotipos de género y encargadas de reproducirlos y reivindicarlos es una postura bastante simplista y desinformada sobre nuestras experiencias de vida y es también la postura por la que se muestra tanta resistencia a aprobar las llamadas leyes de infancias trans, es decir, aquellas que reconocerían la capacidad de lxs menores de decidir y hacer válido su género autopercibido sin necesidad de juicios o de largos procesos médicos y psicológicos que les permitan avalar que, en efecto, son personas trans. 

Si me permiten decirlo, la infancia y la adolescencia son etapas sumamente complejas en nuestras vidas, en donde nuestra formación y muchas de nuestras decisiones pasan primero por el filtro de nuestros padres, hermanxs mayores o instituciones educativas.Y me parece entendible en tanto cuando somos niñxs no contamos con muchas de las herramientas o conocimientos para poder enfrentar distintas situaciones con las que lxs mayores nos ayudan, de alguna manera, a lidiar. Sin embargo, estar de acuerdo con lo anterior es diametralmente opuesto a considerar que las infancias son incapaces de pensar o que no deben tener derecho a su propia autonomía corporal. 

Con las infancias y adolescencias trans tenemos una deuda histórica que urge saldar en más de un sentido: por un lado, con la aprobación y puesta en marcha de la ley de infancias trans no sólo en la Ciudad de México sino en todo el país. Es lamentable que el dictamen aprobado hace más de un año por el congreso local siga congelado; es lamentable que el dictamen siga sin ser llevado a comisiones para su discusión; es lamentable que con estas acciones, nuestrxs representantes envíen la señal de que lxs menores trans pueden esperar.

Para las personas cisgénero (aquellas que sí se identifican con el género que les fue asignado al nacer) o para quienes desconozcan el tema, el asunto de reconocer la identidad de género autopercibida de lxs menores puede resultar ua minucia, algo intrascendente, algo sin la importancia que en espacios como éste solemos darle. Pero se equivocan, pues uno de los derechos fundamentales para toda persona es precisamente el derecho a la identidad. Y se equivocan también porque, como ya dijimos antes, la infancia y la adolescencia son etapas de nuestra vida en donde nos desenvolvemos en contextos que no siempre son los más amigables; ¿quién no puede recordar al menos algún episodio de bullying durante su paso por la escuela? Bien, pues para las infancias trans a esas experiencias habría que sumarle que nadie se refiera a ti con el nombre con que te identificas, que nadie se refiera a ti con los pronombres que mejor te sientan, que lejos de eso se encarguen de insistirte una y otra vez que eres una persona que, tú sabes perfectamente, no eres. Y que por ello te excluyan, te marginen, se mofen de ti. 

Ley de infancias trans en México

La ley de infancias trans que necesitamos en México es una ley que dignifique la vida de lxs menores trans, que les respete, que les reconozca su autonomía corporal y su derecho a vivirse y habitar su cuerpo como mejor lo consideren. La ley de infancias trans la necesitamos y la necesitamos ya, porque dejar a lxs menores trans sin esta ley es seguirles poniendo ante el peligro latente de no poder vivir como sujetxs plenxs de derecho.

Lo digo porque para nadie es secreto que vivimos aún en una sociedad sumamente transfóbica. Yo salí del clóset a mis 30 años, cuando ya me vivía como una persona independiente, pero me pregunto ¿qué habría ocurrido si me hubiera presentado ante los demás como una mujer trans durante mi infancia o adolescencia? No es mi afán especular, pero sí pienso que en otra época me pude haber expuesto a un posible exilio familiar, a la imposibilidad de seguir estudiando, a verme orillada a tomar algún trabajo informal o que me llevara a una condición de precarización. Las infancias trans que tienen el coraje de presentarse ante el mundo tal cual son, a pesar de los riesgos sociales que eso implica, deberían contar cuando menos con la certeza de que el Estado les reconocerá, de que contarán con documentos en regla que les permitirán tener un acceso digno e integral a educación, salud y trabajo. 

Pero para saldar la deuda con las infancias trans debemos ir más allá: si bien la representación no debe ser un fin en sí misma, porque en ese caso se convertiría en simulación, lo cierto es que como sociedad nos hace falta una mayor visibilización de las personas trans: en series, películas, libros, revistas, noticiarios, espacios informativos, espectaculares. Hablo de una visibilidad que nos permita reconocer que las identidades trans existimos. Una visibilidad que, de haber existido cuando yo era menor, seguramente me habría permitido entender el porqué de muchas de mis confusiones, me habría permitido pensar y saber que vivir mi vida y habitar mi cuerpo de un modo más libre era posible; una visibilidad que, en fin, permita que las infancias y adolescencias trans no se sientan fuera de lugar, sino acompañades, válides, posibles. 

Por ahora toca celebrar y decir Feliz Día del Niño y la Niña pese a no contar con la ley de infancias trans. Pero esperemos que el próximo año podamos gritar como nunca: ¡FELIZ DÍA DEL NIÑE!

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Láurel Miranda es una mujer trans, periodista, licenciada en Ciencias de la comunicación y egresada en Historia del arte por la UNAM. Es SEO Manager en HERALDO Media Group; además, se desempeña como profesora de periodismo multimedia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de Marketing Digital y Planeación de Medios Digitales en la Universidad de la Comunicación. Ama a su familia, sus gatos y el chocolate caliente.  


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Láurel Miranda es una mujer trans, periodista, licenciada en Ciencias de la comunicación y egresada en Historia del arte por la UNAM. Es SEO Manager en HERALDO Media Group; además, se desempeña como profesora de periodismo multimedia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de Marketing Digital y Planeación de Medios Digitales en la Universidad de la Comunicación. Ama a su familia, sus gatos y el chocolate caliente.