El horizonte del lujo

Desde mi experiencia, en cuanto a servicio se refiere, los viajeros rusos son altamente demandantes y difíciles de sorprender

El horizonte del lujo
Montserrat Barros/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

Desde mi experiencia, en cuanto a servicio se refiere, los viajeros rusos son altamente demandantes y difíciles de sorprender. Hace un par de semanas volé a Milán y, desde ahí, me transporté en carretera hasta Imperia, cerca de la Costa Azul. En uno de los muelles me esperaba uno de los barcos privados más grandes para los que he trabajado, propiedad de una familia multibillonaria.

Como ya saben, soy una apasionada del servicio de lujo y me dedico a dar capacitaciones en sitios magníficos, que pueden ser desde residencias hasta yates. En esta ocasión, tuve el honor de capacitar al crew de uno de los barcos más sofisticados en todo el mundo.

Para que se den una idea de sus dimensiones, basta decirles que cuenta con spa, sala de cine, gimnasio, cinco cubiertas con albercas y jacuzzis, biblioteca y night club. Sus seis camarotes son amplios y la sala principal está completa con un piano de cola, blanco y espectacular, que se toca por sí mismo.

Mientras que, por amor a su patria, toda la tripulación –de, aproximadamente, 20 personas– es rusa , el capitán parecía un militar de película: pulcro y con un sinfín de condecoraciones en el saco. Nuestro curso con la tripulación incluyó temas como el porte al servir, la presentación del vino, el desempaque de maletas, la presentación de amenidades, las cortesías de noche y los montajes de mesa. Cuando me llevaron a revisar los armarios de la vajilla y me compartieron la lista del inventario para inspirar los montajes, me quedé sin habla: con sólo cuatro vajillas, logramos montar 23 combinaciones diferentes. 

Apenas abordamos, el capitán nos invitó a tomar un poco de té turco en el pitch del barco (quienes lo hayan probado sabrán que, sólo prepararlo, requiere más de dos horas).

Aquí, hasta las amenidades para los invitados pasaban de lo exótico a lo elegante. En cubierta, por ejemplo, se ofrecían lentes de sol de Persol, Maui Jim y RayBan.

Uno de nuestros grandes desafíos es lograr sorprender, constantemente, a través de pequeños detalles. Por eso, durante esta visita, también, sentamos las bases del manual del barco: la guía definitiva para asegurar la constancia del servicio y facilitar el trabajo de la tripulación.

Mientras que la vida a bordo puede parecer un guión de Downton Abbey, con la cotidianidad aristocrática por un lado, y la de quienes trabajan para ellos, por el otro, el back of the house de un barco, al igual que el de un hotel, ejecuta una coreografía perfecta e invisible. 

El equipo con el que trabajé era amable, servicial y alegre. Me recordó que, aún al otro lado del mundo, quien ama la hospitalidad, siempre encontrará una sonrisa en el hecho de deleitar a los demás. Y, por eso, ¡salud con un vodka bien frío para honrar esta experiencia!

POR MONTSERRAT BARROS
@HOSPITALITYANDBUTLER

maaz


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