COLUMNA INVITADA

Nuestro patrimonio natural

Cuando escuchamos hablar de Xochimilco, la mayoría de las personas piensan en canales, trajineras y chinampas

OPINIÓN

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Circe Camacho Bastida / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

Cuando escuchamos hablar de Xochimilco, la mayoría de las personas piensan en canales, trajineras y chinampas, pero lo cierto es que la mitad de la alcaldía –y, por ende, la mayoría de las y los habitantes de esta demarcación– está en la sierra del Ajusco-Chichinauhtzin, en los cerros Xochitepec, Tzompol, Tlacuallelli y Teuhtli, donde la vegetación con mayor presencia es el bosque de pino y encino.

Es por ello que Xochimilco aporta humedad y oxígeno a todo el valle de México, gracias a lo que queda del lago y de la zona serrana, pese a la invasión del suelo de conservación, la tala ilegal y los incendios forestales; es decir, están en verdadero peligro los dos recursos naturales responsables del clima que disfrutamos en la Ciudad de México. 

De acuerdo con expertos del Instituto de Geología, de la Universidad Nacional Autónoma de México, a escala mundial los bosques padecen un estrés hídrico superior a 80 por ciento. Este estrés está relacionado al aumento de la temperatura en el mundo, lo que implica que la atmósfera es cada vez más seca y compite con los árboles por el agua.

“Con el incremento de la temperatura en el orbe, la demanda de agua en la atmósfera aumentará, proceso que queda plasmado en los árboles a nivel químico”, explica el investigador Paul Szejner Sigal, en un texto publicado en la Gaceta UNAM, y agrega que, de seguir aumentando la temperatura global, la demanda hídrica en los bosques también aumentará. 

Recordemos que, de acuerdo con la Comisión Nacional Forestal, a mediados de abril de este año se contabilizaron 106 incendios forestales activos, cuyo origen está en el mal manejo del fuego en el sector agrícola, fuegos ocasionados para el cambio de uso de suelo para la ganadería o la urbanización, y condiciones climáticas de aumento de la temperatura y sequías, que son producto del cambio climático.

En este sentido, un estudio del Instituto de Geofísica, también de la UNAM, reconoce que la ocurrencia actual de incendios forestales no es aislada, pues corresponde a un patrón cíclico que tuvo su anterior alza de 2016 a 2019, aunque también aclara que 90 por ciento de estos siniestros son de origen antropogénico –una forma elegante de explicar el impacto que tenemos las personas en los ecosistemas–, y apenas uno de cada 10 corresponde a causas naturales. 

Es decir, nuestras acciones pueden poner en peligro o salvar nuestros recursos naturales. Es por ello que debemos tomar conciencia y cuidar dicho patrimonio, pues es la única forma de garantizar que la Ciudad de México siga siendo habitable. Basta con acciones como evitar la quema de áreas verdes, no hacer fogatas, no tirar colillas encendidas y erradicar el hábito de quemar cultivos. 

Es eso, o buscar un nuevo valle al que podamos mover toda la Ciudad de México, ¿qué nos convendrá más? 

CIRCE CAMACHO BASTIDA
COORDINADORA DEL GRUPO PARLAMENTARIO DEL PARTIDO DEL TRABAJO, EN LA I LEGISLATURA DEL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
TW: @CAMACHOCIRCE
FB: /CAMACHOCIRCE

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