El papel de México en el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPNW)

El Papa modificó la doctrina del Vaticano con respecto a las armas nucleares

El papel de México en el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPNW)
Jorge Lomonaco/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

El pasado 22 de enero, finalmente, entró en vigor el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares (TPNW) que constituye el primer instrumento internacional jurídicamente vinculante en prohibir no sólo el uso sino la posesión misma de armas nucleares. Con ello, la comunidad internacional estigmatiza, formalmente, estas armas de destrucción masiva y da un paso decisivo y fundamental hacia un mundo libre de armas nucleares. Así, la entrada en vigor del TPNW es el mayor acontecimiento en materia de desarme en general y de desarme nuclear en particular en, por lo menos, medio siglo. 

El Tratado es producto de años de trabajo dedicado y una colaboración virtuosa entre incansables organizaciones de la sociedad civil organizada y un puñado de naciones. La sociedad civil fue justamente reconocida por este logro con el Premio Nobel de la Paz 2017.  Correspondió a un pequeño grupo de países sortear las complejidades de los procedimientos de Naciones Unidas y construir la mayoría necesaria para transformar un ideal abstracto en un instrumento internacional obligatorio. La composición del grupo fue variando a lo largo de los años, como resultado de vaivenes de política interna y constantes presiones. Tuvo como expresión final el llamado Grupo Núcleo (Austria, Brasil, Irlanda, México, Nigeria y Sudáfrica), reconocido a su vez con el Premio Personalidad del Desarme del Año (2017), que tuve el honor de recibir, en nombre de México, como negociador del Tratado. Es justo también reconocer el papel del Papa Francisco, quien modificó la doctrina del Vaticano con respecto a las armas nucleares (de condenar su uso a condenar su posesión) y de otros países, como Costa Rica, que presidió la conferencia que adopto el TPNW, o Indonesia, que resultó clave para sumar  a casi todos los  miembros del Movimiento de los No Alineados a la iniciativa promovida por México y el Grupo Núcleo, pese a la resistencia de algunos que, por solidaridad política con China y Rusia, tenían dudas. Sin pretender escatimar mérito a ninguno de los 120 países que votaron en favor de la adopción del Tratado, es justo también recordar que fueron solo dos países los que se mantuvieron al frente del esfuerzo de principio a fin, contra viento y marea y que, por tanto, resultaron decisivos: Austria y México. 

El liderazgo de México en el proceso y la adopción del Tratado es consecuente con décadas de trabajo en favor del desarme en general y del desarme nuclear en particular. Da continuidad a la invaluable e incansable labor de muchos diplomáticos mexicanos y, en particular, de Alfonso García Robles, promotor principal del Tratado de Tlatelolco y reconocido también con el Premio Nobel de la Paz. Una coyuntura propicia y una estrategia retorcida pero efectiva permitió a los promotores del TPNW cruzar por primera vez el umbral de la denuncia -justificada e indispensable- para pasar a la acción concreta y producir un instrumento obligatorio de carácter global en el seno de Naciones Unidas. 

 Correspondió al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon, la culminación de este proceso para México, al incorporar las obligaciones del Tratado al orden constitucional del país mediante la publicación del decreto correspondiente en el Diario Oficial el mismo 22 de enero. México se coloca así, una vez más, a la vanguardia de las mejores causas.

 

POR JORGE LOMONACO
EMBAJADOR, OBSERVADOR PERMANENTE DE MÉXICO ANTE EL CONSEJO DE EUROPA
@AMB_LOMONACO

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