Aplaca ola de rumores

Si el Presidente de la República se ausenta por algún motivo, el actual método para suplirlo es riesgoso para la estabilidad política

Aplaca ola de rumores
Luis Soto/ Agenda Confidencial/ Opinión El Heraldo de México

A raíz de la ausencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, contagiado de COVID-19, surgió en la sociedad una ola de rumores, muchos de ellos malsanos, por la falta de información oportuna. Finalmente, el primer mandatario reapareció el fin de semana en un video para explicar su estado de salud y otros asuntos importantes, y aplacó la ola. 

Sin embargo, en la clase política surgió un asunto relevante y preocupante: el del Presidente provisional, interino y sustituto, y la necesaria Reforma Constitucional para modificar el mecanismo de relevo por ausencia absoluta del Presidente de la República. 

Si llegara a producirse la falta absoluta del titular del Ejecutivo, el método actual de sustitución es riesgoso en extremo para la estabilidad política, económica y social del país, afirman algunos observadores. Dice al respecto la Constitución, en el Artículo 84: “Cuando la falta absoluta del Presidente ocurriese en los cuatro últimos años del periodo respectivo, si el Congreso de la Unión se encontrase en sesiones, designará al Presidente substituto que deberá concluir el periodo; si el Congreso no estuviere reunido, la Comisión Permanente lo convocará inmediatamente a sesiones extraordinarias para que se constituya en Colegio Electoral y nombre un presidente sustituto…”.

Es fácil imaginar el complejo escenario que surgiría en el caso de que el Presidente se ausentara por cualquier razón definitiva: renuncia, enfermedad grave o muerte. 

El método constitucional es tan ineficiente que plantea demasiadas preguntas sin respuesta posible: ¿De qué partido sería el designado para completar el periodo presidencial? ¿Cómo podría garantizarse un rápido acuerdo entre los diputados y senadores morenistas, panistas, priistas y perredistas? Y mientras se designa a un nuevo Presidente, ¿quién gobernaría? 

En el pasado lejano, existió en México la figura del vicepresidente, quien era relevo del mandatario que se ausentara, en definitiva. 

Después, el sucesor previsto era el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Así sustituyó Sebastián Lerdo de Tejada al presidente Benito Juárez, muerto en el ejercicio del cargo el 18 de julio de 1872. 

En el pasado reciente, los presidentes priistas Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Enrique Peña Nieto crearon de modo silencioso, confidencial, callado, privado, reservado, discreto, prudente…. sin declaración o expresión formal la figura del vicepresidente, pero no se atrevieron a reformar la Constitución. Los traviesos afirman que Andrés Manuel López Obrador también tiene el suyo, pero son rumores, son rumores.

Vamos a ver si la pandemia y sus graves consecuencias en la salud, en la economía y en la política obliga a reflexionar a los legisladores sobre el delicado asunto de modificar la Carta Magna.

 

POR LUIS SOTO
LUISAGENDA@HOTMAIL.COM 
@LUISSOTOAGENDA

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