DESDE AFUERA

Nicaragua, elecciones cuestionables

Lo más interesante quizá sea el complicado sitio en que su "victoria" puso a muchos países latinoamericanos, incluso a México

OPINIÓN

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José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

Bueno, pues sí. La gran victoria electoral del presidente Daniel Ortega y su esposa la copresidenta Rosario Murillo se consumó el domingo en Nicaragua: 74.9 por ciento de los votos favorecieron a la fórmula del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Que la elección se realizó sobre la base de anular a la oposición con tácticas más que sospechosas (39 líderes opositores, incluso al menos siete precandidatos presidenciales), represión contra manifestaciones disidentes, y que la abstención pudo haber llegado a  81 por ciento del electorado, según cifras opositoras, pero menos de 40%, de acuerdo con  datos oficiales –que para eso obligaron a votar a los empleados públicos–, no parece importar.

Ortega logró su cuarta reelección consecutiva, para parecerse más y más a Anastasio Somoza –minus asesinatos, ciertamente–, el hombre al que un movimiento sandinista logró derrocar en 1979 prácticamente con la simpatía universal.

Lo interesante es el complicado sitio en que su "victoria" puso a muchos países latinoamericanos, incluso México.
Reconocer y felicitar a Ortega por su democrático logro parecería fuera de lugar. No hubo más que una semblanza de democracia, tanto que salvo Venezuela y quizá Cuba, ningún otro país de la región parece cómodo ni ansioso por lanzar vítores.

Tanto la Unión Europea como EU se manifestaron contra una elección calificada como farsa, y países vecinos como Costa Rica expresaron abiertamente su reprobación.

Pero al mismo tiempo, pone a la izquierda del continente en una disyuntiva: apoyar a un gobierno que se proclama como "antiimperialista" y "legitimado" por un voto enfermo, o reprobar a un gobierno autoritario producto de una farsa. Hay quienes optaron por el silencio.

El abierto rechazo de EU actúa en contra de que los gobiernos de Argentina o México –y tal vez también los movimientos de izquierda democrática– reprueben con más fuerza los procedimientos de Ortega. Buenos Aires y Ciudad de México "llamaron a consulta" a sus embajadores desde julio pasado.

Parecería preocuparles que alguien diera crédito a Arlette Marenco, viceministra de Exteriores de Nicaragua, que en ocasión de un señalamiento anterior afirmó que “el gobierno de México se coloca en una posición injerencista y entrometida, cumpliéndoles fielmente a los yanquis, sirviéndoles en el rol que tristemente han venido asumiendo, de interventores en nuestros asuntos propios, por encargo del Imperio”.

El hecho es que las acciones y el estilo personal de Ortega, que a sus 76 años parece encaminado a dejar una dinastía propia, han hecho su parte, y muy sustancial, por darle fondo a las acusaciones estadounidenses.

Por lo pronto, y pese a todas las protestas, el FSLN quedará en el poder hasta 2027.  Y en un maravilloso rasgo de humorismo involuntario, varios de los opositores encarcelados fueron acusados por el régimen Ortega de "gestión abusiva" y "falsedad ideológica". En otras palabras, por ser opositores.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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