COLUMNA INVITADA

Desengañarse

Quien pensó que el Presidente no llegaría tan lejos, la Reforma Eléctrica le debería abrir los ojos

OPINIÓN

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Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México

Después de la iniciativa de Reforma Eléctrica, no pueden seguir existiendo dudas sobre lo brutalmente regresivo y nocivo que es este gobierno. 

La reforma apuesta por un modelo anquilosado que no responde a las necesidades actuales y futuras del país; está cargada de dogmas; de fallas que cualquiera que comprenda lo mínimo del sector eléctrico sabe que dañarán la economía de los usuarios y las arcas del gobierno; y es una afrenta a la libre empresa y a la innovación.

Es un decir que ya no debería haber dudas sobre el carácter corrosivo de este gobierno, porque a todos nos debió haber quedado claro, desde hace tiempo, con la cancelación del aeropuerto; con el desmantelamiento de la política social y de salud; con el abandono a los pequeños y medianos empresarios durante la pandemia; con el ataque a la ciencia; o con el teatro en que se ha convertido el ejercicio del poder cada mañana. 

Pero muchos han preferido dejar de ver, y más triste aún, justificar cada uno de los errores: que si no lo asesoran bien, que si está mal acompañado, que si estaban peor los de antes, que si nada más es simbólico. Y ahí están, ante cada golpe, esperanzados en que a la siguiente oportunidad despierte al estadista dormido que hay en López Obrador.

Están también algunos líderes políticos, sociales y empresariales que prefieren aguardar con la esperanza de que libremos este sexenio y luego se haga un control de daños. Y así, teniendo claras las consecuencias que se están generando, confían en que será pasajero; como si desmantelar de un plumazo el sector energético se pudiera arreglar en 15 minutos.

A estas alturas la condescendencia ya no debería tener lugar. El Presidente no se detiene porque el poder no se autolimita; se expande. Por ello, a quien pensó que no llegaría tan lejos, la Reforma Eléctrica le debería abrir los ojos. 

Esta es la línea que, de cruzarse, revertirá el proceso de modernización y apertura que México emprendió hace tres décadas. 

Ellos, los obradoristas, lo entienden perfectamente. Saben que está en disputa el modelo económico del país, el de la libre empresa contra el del estatismo. Pero pareciera que del otro lado —de quienes creemos en la apertura, en la competitividad y en la libre economía— no se termina de dimensionar así.

Así que el llamado es a no ser corresponsables de este desastre con nuestro silencio y nuestra inacción. No podemos y no debemos resignarnos.

Llegó el momento de desengañarse, pues no vendrán tiempos mejores para nuestro país —ni ahora ni en 2024— si seguimos por esta ruta; permaneciendo callados, esperando a que las cosas cambien por sí solas. 

Hoy, a las oposiciones al régimen nos toca evitar el desastre que implicará la reforma. 

Ya luego vendrá seguir construyendo una alternativa viable que ofrezca soluciones a los muchos otros problemas, heredados y nuevos, que nuestro país enfrenta. 

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE

COLABORADOR

@GUILLERMOLERDO

MAAZ