Trump fue demasiado lejos, pero sigue presente

El problema es que si el Presidente está ahora en la picota, la derecha estadounidense cierra filas para defenderse

Trump fue demasiado lejos, pero sigue presente
José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

Reacio a aceptar que algo o alguien podría derrotarlo o interponerse en su camino, acostumbrado a hacer declaraciones y provocaciones sin consecuencia, el presidente Donald Trump trató de usar una turba para presionar al Congreso para apoyar a legisladores que trataban de impedir la certificación formal de las elecciones de noviembre.

No sé, y quién sabe si alguien pueda decir que fue efectivamente una maniobra planeada. Pero ya antes del 3 de noviembre Trump se quejaba de que habría una trampa electoral en su contra y, luego, que había ocurrido.

Lo cierto es que a lo largo de su fulgurante carrera política, Trump nutrió y se fortaleció de los resentimientos y los temores de sus seguidores, incluso grupos de extrema derecha que, como los Proud Boyz, hacen gala de asistir armados a sus mìtines.

Lo cierto también es que desde fines de septiembre se afirmaba que Trump buscaría protagonizar una revolución derechista en los Estados Unidos, y ya el 2 de octubre esta columna recogía señalamientos en ese sentido.

Tim Padgett, un periodista estadounidense especializado en temas latinoamericanos, afirmó entonces que las formulaciones de Trump en el debate electoral del 29 de septiembre, lo había hecho pensar en un caudillo a la Hugo Chávez, Manuel Noriega o aún Jean Paul Duvalier.

En el mitin que presidió el miércoles, y que anunció desde el sábado, Trump afirmó que "nunca nos rendiremos. Nunca concederemos. No sucede. No cuando hay un robo involucrado", para luego reiterar que la victoria del presidente electo Joe Biden se basó en recuentos de votos fraudulentos.

Para muchos fue una muestra del nivel de autoengaño en que se encontraba. Para otros, los asistentes al mitin, fue una orden de marcha. Y más.

Al igual que las presiones post-electorales para revertir el resultado de la votación, el asalto al Congreso, deliberado o no, tenìa muy pocas posibilidades de éxito. El intento ha hecho que la mayoría de los estadounidenses reaccionen con horror.

El problema es que si Trump está ahora en la picota, la derecha estadounidense cierra filas para defenderse. Trump puede o no ser destituido y desaparecer o no del panorama político, como se propone ahora, pero no hará olvidar lo que representa ni resolverá las divisiones y la polarización en el país.

Hace algunas décadas el historiador francés Amaury de Riencourt afirmaba que, por su sistema político, Estados Unidos es el país occidental más proclive a llegar al “cesarismo”, entendido como el surgimiento de un “hombre fuerte”.

Los estadounidenses creen que su sistema tiene los contrapesos necesarios para frenar a un Presidente con pretensiones de ese tipo, y la verdad el miércoles, personajes que parecían tan improbables como el vicepresidente Mike Pence o el líder senatorial republicano Mitch McConnell, reivindicaron esa idea.

Pero la semilla está sembrada y será difícil que el genio regrese a la botella. 

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1 


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