El momento es ahora

En esta semana corresponde reconocerles que aún si fue sumamente tarde, al menos han abierto un espacio dentro del cual el presidente electo Joe Biden y su nueva coalición mayoritaria podrían construir una ruta de gobernanza

El momento es ahora
Alejandro Poiré / Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

La semana pasada critiqué a los aliados que hasta el último momento decidieron abandonar a Trump.

En esta semana corresponde reconocerles que aún si fue sumamente tarde, al menos han abierto un espacio dentro del cual el presidente electo Joe Biden y su nueva coalición mayoritaria podrían construir una ruta de gobernanza. Y desde ahí abocarse a frenar el rampante autoritarismo que afecta todos los niveles de la vida política de los Estados Unidos.

La pregunta relevante para México es si habrá ese momento de reconsideración para el sinfín de allegados, empleados, aliados y camaradas de la aventura autoritaria de la autodenominada Cuarta Transformación.

Está claro que de aquí al primer domingo de junio de este año el gobierno de Andrés Manuel López Obrador emprenderá su embate más serio contra la democracia y las instituciones de separación y control del poder que hemos construido en los últimos treinta años.

Y no es que apenas vaya a empezar a hacerlo; es que AMLO sabe que podría acabarse el tiempo en el que puede ejercer poder de la presidencia de una forma prácticamente absoluta, y fiel a sus instintos iliberales y presidencialistas, sigue buscando todos los resquicios y estrategias de acumulación de poder que la circunstancia política le permita.

La iniciativa de ley en contra del INAI y del IFT, sumadas a las bravatas en contra del INE, y los esfuerzos sistemáticos de acoso a la Suprema Corte de Justicia y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación verán una aceleración en las semanas por venir, y pondrán a prueba especialmente al puñado de senadores de quienes depende la aprobación de reformas constitucionales, y a los propios funcionarios que integran estos órganos autónomos.

A estas alturas, es claro que está en juego la posibilidad de seguir construyendo un régimen de leyes, libertades y derechos, o sumirnos por muchos años en un marasmo de autoritarismo incompetente y desalmado en donde lo único que podría empeorarlo sería una mayor disciplina y talento de quien lo dirige.

En esta circunstancia se explican perfectamente alianzas alguna vez inconcebibles y aún de suyo criticables que reflejan la implosión de nuestro sistema de partidos tradicionales. No es que las alianzas generen esta crisis; es que tienen razón quienes piensan que es indispensable que el voto mayoritario que llevó a Morena al poder se ejerza dentro de los límites del propio sistema democrático que les permitió llegar a él. Que ese triunfo no se convierta en un movimiento hegemónico que siga haciendo daño a nuestra capacidad para reinventarnos, recrearnos y protegernos de los abusos y dislates del poder.

Ello es lo que está en juego y estas son las semanas críticas en las que muchas personas que se sumaron al proyecto de Morena por su profunda convicción democrática tendrán que definirse, de cara a la historia, si es esta convicción la que predomina en sus esfuerzos, o si abandonarán al líder cuando ya sea demasiado tarde.

POR ALEJANDRO POIRÉ
DECANO CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY
@ALEJANDROPOIRE


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