¿Revolucionarios conservadores?

El régimen de Daniel Ortega es un caso, ha permanecido 13 años en el poder

¿Revolucionarios conservadores?
José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

¿Cuándo es que un gobierno "revolucionario" se convierte en un régimen "conservador"?

Es simple, cuando llega al gobierno y conserva el poder se convierte en su prioridad, aunque el pretexto sea propiciar cambios que en lo político promuevan la democracia y en lo social y económico  favorezcan a los sectores en mayor desventaja.

El régimen de Daniel Ortega en Nicaragua es un caso. A sus 75 años de edad y con 13 años en el poder en su más reciente Presidencia, Ortega luchó casi dos décadas contra el régimen dictatorial de Anastasio Somoza.

Por definición, la oposición política indica un desacuerdo con los fines, o al menos con las formas usadas, del grupo en el poder. 

Y tal vez por eso el movimiento encabezado por Ortega, el otrora democrático Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)  decidió prohibir su participación electoral.

El argumento, de acuerdo con el alegato de Gustavo Porras, presidente del Congreso nicaragüense, es que partes de la oposición buscan promover un golpe de Estado y piden sanciones internacionales contra Nicaragua.

"Qué vayan a ser candidatos en el Imperio", señaló Porras, al abogar por la aprobación de la "Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo a la Independencia, la Soberanía y autodeterminación para la Paz", aprobada esta semana por 70 votos del gobernante partido sandinista.

La legislación es una respuesta al gobierno de Estados Unidos, que como en tiempos de la Guerra Fría acusa al gobierno sandinista de ser una dictadura marxista y adoptó medidas con el objetivo de "sancionar" a varios funcionarios de ese país, incluso el propio Porras, por acciones que –en su opinión– ayudaron a llevar a cabo  violaciones a los derechos humanos o políticos.

Para los críticos del gobierno y organizaciones internacionales, incluso la Unión Europea (UE) y el Parlamento español, la norma es una medida antidemocrática o de hecho, un intento de evitar que Ortega enfrente candidatos opositores en las elecciones convocadas para noviembre del próximo año.

La realidad es que Daniel Ortega buscará su tercer mandato consecutivo y el cuarto periodo como Presidente de Nicaragua. Ha permanecido al frente del gobierno nicaragüense por un total de casi 18 años, tantos como los que pasó como presidente Anastasio Somoza (padre), fundador de la dinastía que dominó la política y la economía del país desde 1934 y que terminó con el derrocamiento de su hijo Anastasio Somoza Debayle en 1979, por el movimiento opositor armado encabezado por los sandinistas.

De entonces a la fecha, Nicaragua ha tenido un progreso considerable en términos generales. Bajó el analfabetismo, mejoró la economía y también han habido progresos en la salud pública –aunque el país fue afectado también por la pandemia de COVID-19–.

Pero la verdad sea dicha, el gobierno nicaragüense parece evolucionar hacia su lado "conservador", con un liderazgo cada vez más familiar –la esposa de Ortega, Rosario Murillo, es la vicepresidenta de Nicaragua– y métodos que desmienten sus demandas originales. 

POR JOSÉ CARREÑO
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1


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