De repartidores de comida a…

Emilio Zebadúa confiesa que recursos de la Cruzada fueron usados para fines electorales

De repartidores de comida a…
Luis Soto Agenda Confidencial Opinión El Heraldo de México

El 21 de enero de 2013, el presidente Enrique Peña Nieto anunció en el municipio de Las Margaritas, Chiapas, la Cruzada Nacional contra el Hambre, cuyo principal objetivo era atender a 7.4 millones de personas que habitan en los 400 municipios más pobres del país. ¡Es momento de mover a México para hacerle frente a la pobreza y al hambre!, dijo Peña.

Para asegurar que esta Cruzada fuera  eficaz, Peña Nieto instruyó a la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles,  para que coordinara los esfuerzos de toda la administración pública, con la encomienda, primero, de hacer una amplia convocatoria social; segundo, organizar los bancos de alimentos y de donaciones; tercero, establecer un fondo de trabajo solidario para aquellos que quisieran destinar parte de su tiempo a esta gran cruzada, y cuarto, trabajar con especialistas en alimentación, nutrición y pobreza, a fin de asegurar que esta Cruzada esté alineada, también, al Programa Hambre Cero. Esta es una gran Cruzada que está por encima de diferencias ideológicas, decía Peña casi con lágrimas en los ojos.

Ojalá que los cruzados no sean simplemente repartidores de comida y vitaminas mediante los conocidos métodos asistencialistas, o se conviertan en promotores de actos proselitistas y campañas en favor del PRI, advirtieron en aquel entonces los detractores del programa y de la señora Chayito.

Hoy, el ex oficial mayor de la Sedesol, Emilio Zebadúa, quien se convirtió en testigo protegido de la Fiscalía, confiesa que una buena parte de los recursos asignados a la mencionada Cruzada fueron utilizados, por instrucciones de Robles, para fines electorales. ¿O sea que no toda la lana sirvió para darle de comer al hambriento y beber al sediento?        

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AGENDA PREVIA

Dice la dirigencia del PRI que el Presupuesto 2021 no resuelve la crisis de salud ni económica, por lo que votó en contra. Lo que no quieren reconocer es que esas dos crisis no tendrán solución el próximo año, ni los que siguen, porque las prioridades de la 4T son, primero, fortalecer los programas sociales porque producen votos; segundo, “salvar vidas” aunque aumenten los contagios por COVID-19, y tercero, dejar que la economía se componga solita.

Por cierto, que sobre el penoso asunto de las decenas de miles de muertos y más de un millón de contagiados por coronavirus, la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, y el subsecretario Hugo López-Gattel, parecen estar enfrascados en una competencia de declaraciones estultas. Dijo ayer Doña Irma: “La crisis por COVID-19 vino como anillo al dedo a la 4T, ya que, por décadas, durante el periodo neoliberal, las emergencias se convirtieron en terreno fértil para esa corrupción estructural, para que las grandes corporaciones, los intereses económicos y privados se apropiaran cada vez más de lo público”. Y el PRI de Alito diciendo que el PEF no va a resolver las dos crisis.

POR LUIS SOTO
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