La involución del Tribunal Electoral y el INAH

Vargas no era la opción más confiable para la institución, pero sí la más rentable para López Obrador

La involución del Tribunal Electoral y el INAH
Enrique Rodríguez / Libertad bajo Palabra / Opinión El Heraldo de México

Justo cuando se requieren instituciones firmes que defiendan su autonomía para garantizar procesos impecables, la polémica elección del magistrado José Luis Vargas como nuevo presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación genera dudas sobre la independencia de ese órgano en la víspera de la votación más grande en la historia de nuestro país.

La designación de Vargas no fue irregular, pero sí polémica y ratificó la existencia de 2 bloques en la Sala Superior. Con los votos de los magistrados conocidos como pro 4T (Felipe Fuentes Barrera, Mónica Soto y Felipe de la Mata) logró la presidencia a pesar de los cuestionamientos que han rodeado su desempeño como juzgador.

Sobre José Luis Vargas, prevalecen dudas a causa del presunto rastreo de operaciones bancarias irregulares y excesos en sus gastos de numerosos viajes al extranjero que contradicen las políticas de austeridad del Poder Judicial, que incluso son respetadas por los ministros de la Suprema Corte de Justicia. El flamante presidente del Tribunal se distinguió por los ataques públicos dirigidos a Janine Otálora para descalificar su gestión hasta que logró la presión suficiente para que la magistrada renunciara a la posición que ahora él ostenta. Sus proyectos para anular la elección de Martha Erika Alonso como gobernadora de Puebla y su frenética operación para negarle el registro a México Libre le han hecho ganar notoriedad como un juzgador alineado a las causas de Morena.      

Vargas encabezará el Tribunal Electoral durante cuatro años, en los que se revisará la elección intermedia y calificará la presidencial en 2024. Vargas no era la opción más confiable para la institución, pero sí la más rentable para Andrés Manuel López Obrador.

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EDICTOS: Nuestra extraordinaria riqueza arqueológica no es una prioridad en el presupuesto del gobierno federal, a pesar de que el Presidente de la República dice ser un apasionado de la historia. Hay más empeño en traer el penacho de Moctezuma o hacer el ridículo para invocar las disculpas de España por la conquista, que en promover, proteger y financiar descubrimientos de nuestro pasado prehispánico. Ejemplo de esta ominosa contradicción son los trabajos de excavación en diversas regiones del territorio nacional. Uno de varios casos concretos es el registrado en Oaxtepec, Morelos. Los esforzados arqueólogos del INAH trabajan en el descubrimiento de diversos vestigios de lo que se considera fue un centro administrativo y ceremonial cuyo esplendor data de hace más de 550 años, relacionado con la llamada triple alianza del Valle de México. Lo increíble es que el hallazgo sólo será registrado y tendrá que ser nuevamente sepultado por la falta de recursos para limpiarlo en su totalidad y preservarlo. El INAH tendrá un recorte de más de 100 millones de pesos en 2021, respecto al ejercido este año. ¡Decisión lamentable para una nación con formidable patrimonio cultural!

POR ENRIQUE RODRÍGUEZ
ENROMA27@GMAIL.COM
@JENROMA27


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