La cuestión feminista I: victimismo y violencia

Contra la cultura de la violencia, se clamará por una cultura de paz

La cuestión feminista I: victimismo y violencia
Ismael Carvallo/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Se trata, sin duda,de uno de los temas de nuestro tiempo, como decía Ortega. Pero además de eso, o tal vez por ello mismo, es uno de los temas-pivote de la tiranía de la corrección política que tiene paralizadas, principalmente, a las sociedades occidentales. Las sociedades china e islámica son otra cosa.

Ya he escrito sobre esto en otras ocasiones, haciendo residir el núcleo del problema en el concepto de víctima como fundamento de una concepción ideológica —el victimismo— que polariza las relaciones sociales en función de dos y solo dos alternativas: los verdugos y las víctimas. A los primeros se atribuyen todos los males, y sobre todo el mal por excelencia: la violencia, frente a la cual, en correspondencia, se opondrá la paz y la no-violencia. O de otra forma: contra la cultura de la violencia, se clamará por una cultura de paz (No a la Guerra), para el adoctrinamiento dentro de la cual se organizarán cursos y cursos con powerpoints simplificadores que se recitan como dogma emanado de las sagradas escrituras laicas de nuestro tiempo: la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Es dogmatismo puro y duro y en toda regla, sin sentido crítico alguno, que llega a niveles de estupidez infantil y superlativa en casos como aquél —según me contaron— de las asambleas en España de las que se derivaría la organización del partido político Podemos (de aquéllos polvos estos lodos), en las que, para no ejercer “violencia auditiva”, quien hacía uso de la voz tenía que hacerlo sin altavoz o megáfono, siendo la transmisión de boca en boca hacia atrás la única alternativa que tenía el último de la fila para saber lo que se decía.

Ahora bien: no estamos defendiendo aquí la violencia como tal, en sentido genérico: es exactamente todo lo contrario. Es decir, que es la concepción genérica, abstracta, de la violencia, lo que no se puede utilizar como criterio de argumentación. Pero esto es lo que hace, precisamente, el feminismo radical bajo la forma esencialista de violencia de género, entendida como manifestación universal, inmutable, estructural, del hombre, el patriarcado o el Estado contra la mujer.

Porque no es la violencia patriarcal o masculina, genérica, la que está detrás de un violador, de un golpeador de su mujer o de un asesino en serie de mujeres: es la violencia específica y criminal de un psicópata, de un sociópata, de un enfermo sexual o de una despreciable bestia golpeadora y abusadora de mujeres lo que está ahí manifestado, pero tan despreciable como la violencia que una mujer puede también ejercer contra quien pueda hacerlo, como es el caso de la psicópata que permitió y colaboró en la tortura hasta la muerte de su propio hijo, Gabriel Fernández, según se cuenta en el estremecedor documental de Netflix Justicia para el pequeño Gabriel.

En cada caso específico, la ley y la justicia se deben de aplicar, desde luego, pero no porque el hombre, o la mujer, sean, por definición y esencialmente, no sé si me explico, víctimas o verdugos.

POR ISMAEL CARVALLO
ASESOR EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS
@ISMAELCARVALLO

 


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