Día de la Mujer: Combatir la violencia de género en México desde la educación

En el marco del Día de la Mujer, este 8M hablamos sobre el papel de la educación para combatir la desigualdad de género y erradicar la violencia hacia las mujeres

Día de la Mujer: Combatir la violencia de género en México desde la educación
El 8 de marzo de conmemora el Día de la Mujer. Foto: Cuartoscuro

Ya todos sabemos que la pandemia por covid-19 ha causado estragos de muchas formas en el mundo. En México, hemos sido testigos de repercusiones que van desde las económicas, políticas y las relacionadas con la salud pública, hasta cambios importantes en cómo nos relacionamos, nuestra vida diaria y en general, aquellas consecuencias que veremos en nuestra salud mental después de que esto termine. Sin embargo, existe una pandemia que inició mucho antes y no parecen aún haber encontrado vacuna: la violencia de género. En el marco del Día de la Mujer, reflexionamos sobre el papel de las instituciones educativas para combatir esta problemática.

Justo después de que iniciara la pandemia en México, el promedio de mujeres asesinadas por día subió de nueve a 11.2, precisamente porque las mujeres se vieron obligadas a quedarse en sus hogares, muchas de ellas con sus agresores. Las llamadas al 911, la violencia familiar, el abuso sexual a mujeres y niños, todo se incrementó de forma vertiginosa al vernos obligadas a quedarnos en casa, el que debería ser románticamente hablando el lugar “más seguro” para todas.

Desde mi papel como educadora, puedo decir que es emocionante cómo las universidades se suman a esta lucha por la equidad de género y en contra de la violencia. Toda la semana he visto los logotipos de grandes instituciones de educación superior públicas y privadas pintados de morado, sumándose a paneles, conferencias, cifras, activismo. Justo antes de la pandemia explotaban los movimientos como #MeToo dentro de las universidades de nuestro país. Las estudiantes y trabajadoras hoy señalan a sus agresores y cada vez están menos dispuestas a tolerar que permanezcan en sus posiciones y perpetúen estos ciclos que por mucho tiempo fueron ignorados.

Sin embargo, el trabajo que nos corresponde como universidades va mucho más allá de actividades por una semana en marzo. Integrar materias de género, visibilizar estas desigualdades, sancionar y señalar esta violencia dentro y fuera es tarea de todos los días, de todas las materias y de todos los puestos. Si volteamos a ver las posiciones de liderazgo de las grandes instituciones de educación superior, no hay que indagar mucho para observar lo obvio, hoy en día, de las universidades públicas y autónomas sólo dos de 40, tienen rectoras. Si vemos las estructuras orgánicas, las funciones de primer nivel nuevamente están predominantemente dirigidas por hombres. No es porque no haya mujeres capaces de liderarlas, es porque la violencia de género también se presenta en las limitaciones para que las mujeres lleguen a posiciones de liderazgo, decisión y reflector.

Hace algunos días reflexionaba con compañeras investigadoras sobre cómo ante la pandemia, la producción científica de las mujeres bajó considerablemente ya que, al estar en casa, se ven obligadas a cumplir con una serie de roles diferentes al académico que sus pares hombres, no. Entre muchas otras demandas y agresiones estructurales que es importante señalar y reflexionar, pero sobre tener acciones para aminorar la desigualdad, las brechas y la violencia.

México es un país en donde asesinan a al menos 10 mujeres al día, en donde aún existe una brecha salarial del 34 por ciento entre hombres y mujeres, en donde sólo el 35 por ciento de los investigadores adscritos al Sistema Nacional de Investigación son mujeres. Mientras los liderazgos políticos, académicos, empresariales y sociales sigan siendo representados por hombres. A las universidades nos toca abrir camino a las mujeres para que se integren a las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, a posiciones de liderazgo y a decidir. Nos toca eliminar la brecha salarial, implementar protocolos y democratizarlos con nuestras comunidades educativas, hacer activismo hacia dentro todos los días hasta lograr que todas las universidades sean espacios seguros, libres de violencia y en donde todas tengamos las mismas oportunidades.

 “Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie” Emily Dickinson.

Por: Alejandra Garza es Maestra en Educación y Desarrollo Internacional por University College London y Maestra en Administración de las Instituciones Educativas por el ITESM. Cofundadora y directora Académica en Universidad Carolina @twittdealita


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