Daniel Osorno, el corredor de espíritu inquebrantable que cruza México

El atleta, quien estuvo en la Secretaría de la Marina por 21 años, busca fomentar el deporte con su desafío de cruzar el país. Ayer hizo parada en la CDMX

Daniel Osorno, el corredor de espíritu inquebrantable que cruza México
MISIÓN. El corredor trota en la Ciudad de México, como parte de su aventura para llegar al sureste del país.

Durante su parada en el Zócalo capitalino, como parte de su cruce a pie por el país para impulsar la práctica del deporte, el corredor Daniel Osorno fue recibido ayer por amigos, familiares y fans, impulsándolo para continuar su camino hacia Cancún.

El trayecto no ha sido sencillo. Partió el 1 de agosto del Puerto de Rosarito, en Baja California, cruzó el desierto y en Nayarit sintió que las fuerzas lo abandonaban. Sin embargo, creyendo en él y en sus ideales, ya recorrió 2 mil 776 kilómetros.

El Inquebrantable, de 44 años, corre con una barba abultada. No se la rasura para externar el compromiso que tiene con él y las personas, pero esta peculiar característica no es para emular la película Forrest Gump (1994), que protagoniza Tom Hanks.

“No sé si Forrest Gump corría, caminaba y trotaba como yo, dicen que él fue 3 años. Pero pues yo lo estoy haciendo en la vida real. Mis respetos para él porque lo hizo en 3 años, yo llevo casi tres meses y llevo mucho sacrificio”, mencionó Osorno.

Al atleta, quien estuvo 21 años al servicio de la Secretaría de Marina, lo sigue una sombra. Su hermano Enrique lo acompaña en este cruce desde un carro, en el cual duermen y recuperan energías.

“Él sacrificó muchas cosas por mí, por lograr esta hazaña. Traemos un auto compacto, yo duermo en los asientos de atrás y él en los de adelante, en donde está el freno de mano y la palanca de velocidades, es muy incómodo, pero él me dice ‘tú descansa’. Él va cuidando que no me atropellen”, compartió Daniel.

A casi tres meses de que salió del norte del país, aseguró sentirse un hombre diferente, buscando disfrutar cada momento de la vida.

“Cruzar el desierto fue una experiencia única, en donde existía dolor. Enrique una vez lloró porque me vio sufrir por el sol. No me podía poner bloqueador porque se hacía como aceite y me quemaba más; también con licras me quemaba, tenía que ir a la intemperie. Por eso las quemaduras que tengo”, recordó.

Visualizando su destino, Osorno camina, trota y corre entre 45 y 50 kilómetros al día. Estima que a mediados de noviembre llegará a su meta: Cancún, Quintana Roo. La distancia estimada del total de su travesía es de 4 mil 380 kilómetros.

Inicialmente tenía pensado rodear la CDMX, pues cruzarla implica un camino de 30 kilómetros más; no obstante, los mensajes de apoyo de fans y amigos lo motivaron a hacer parada en la entidad en donde creció. Él dijo ser orgullosamente oriundo de Iztapalapa.

“Cada metro que paso, cada kilómetro que voy avanzando, voy conociendo mi México y lo que significa mi país y la gente”, concluyó. 

Por J. Alexis Hernández


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