CÚPULA

Envuelto para regalo

En el jardín del poder, un hombre escucha por casualidad una conversación que podría cambiar el rumbo del país

CULTURA

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Envuelto para regalo, relatoCréditos: El Heraldo de México

Lo vi con estos ojitos que Dios me dio, mientras hacía el jardín de Los Pinos. Siempre me cayó requetebién el jefe; un hombre sencillo, discreto y elegante que no cambió ni un mueble de la casa cuando se sentó en la silla. Su chofer me contó que un día los paró una oficial de tránsito por pasarse un alto, y, en lugar de usar sus influencias, le ordenó que detuviera el coche y pidiera la multa.

Aunque eso no es nada, lo que yo vi aquel día mientras le daba forma a los arbustos me dejó impresionado.

 El presidente platicaba con dos hombres muy emperifollados que se sentían patrones; alcancé a escuchar la conversación por casualidad, no crean que me gusta andar de chismoso. Entre tallos y flores, oí claramente su voz decidida y distinguida:

 —Por el momento no haremos obras de infraestructura, señores, no es mi prioridad, les diré lo que pienso: no es posible que 42% de la población sea analfabeta y que 60% de los mexicanos reciba una quinta parte del ingreso nacional, tampoco es justo que 19 millones de campesinos vivan marginados.

 —Sí, Presidente, sabemos que le gustan las estadísticas, pero lo que proponemos…

 —Así es, y le diré otra cosa, ¿sabe qué tampoco es justo? Que las mujeres saquen adelante a sus hijos, como mi madre viuda lo hizo conmigo, y que no tengan derecho a votar para escoger a sus gobernantes.

 —Bueno, México no es el único país en el que pasa eso— contestó el otro.

 —Por lo mismo, México debe poner el ejemplo. Enfocaré mis esfuerzos en erradicar la pobreza, en la educación, en la salud.

En ese momento un auto nuevo último modelo con un enorme moño rojo apareció en la rotonda.

 —¿Y ese Cadillac envuelto para regalo? —preguntó don Adolfo muy serio, ajustándose el moño de la corbata.

 El hombre del bigote ridículo le entregó las llaves y le dijo:

 —Es un regalo de cumpleaños para su esposa, Presidente.

 El otro sujeto que llevaba un traje café sonrió y exclamó:

 —Nuestros mejores deseos para la señora María, muy pronto la veremos conducir para ir a votar en las próximas elecciones, o, si quiere, la puede llevar usted; no vaya a ser que se raye el coche.

 Me acerqué para escuchar mejor. El presidente observó con desdén las llaves, se las devolvió a uno de ellos y empezó su discurso:
—Se los agradezco mucho, caballeros, pero no puedo 

aceptarlo.

Me resulta curioso que en mi primer año de gobierno se hayan acordado de mi esposa, le voy a decir que la mandan felicitar afectuosamente. Como sabrán, no me gusta el influyentismo ni el tráfico de favores. Todos los mexicanos tenemos la obligación de servir a México, no al revés, y claro que mi esposa irá a votar muy pronto, también las de ustedes. ¿Les muestro la salida?

El presidente Adolfo Ruiz Cortines le dio el voto a las mujeres mexicanas en 1953, como lo prometió en campaña, y en 1955 ejercieron su derecho por primera vez en unas elecciones federales.

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