Estas son las escritoras precursoras del Boom Latinoamérica

La UNAM rescata del olvido "La ruta de la evasión", novela de la escritora costarricense Yolanda Oreamuno, quien junto con otras autoras pusieron las bases del boom, considera la ecuatoriana Natalia García Freire

Estas son las escritoras precursoras del Boom Latinoamérica
A García Freire ha tocado escribir la introducción de una novela redescubierta Foto: Pixabay

Antes de que el boom latinoamericano irrumpiera en el mundo, las mujeres escritoras de la región ya habían sentado las bases del fenómeno literario.

“(Elena) Garro y (Yolanda) Oreamuno ya habían puesto esos pilares para lo que se vendría después con el boom; se trata de un trabajo casi arqueológico que no se ha hecho. Esa ambición tan grande de estas mujeres, como la de la misma María Luisa Bombal, les jugó en contra porque se reconoce mucho más lo que después hicieron autores como Rulfo, Marquez, y a ellas casi no se les mira”, considera la joven escritora ecuatoriana Natalia García Freire (1991).

A García Freire ha tocado escribir la introducción de una novela redescubierta, que al paso del tiempo puede verse como una anticipación del gran movimiento literario de América Latina. Se trata de “La ruta de la evasión”, séptimo título de la colección Vindictas, con el que la UNAM rescata del olvido a Yolanda Oreamuno, escritora costarricense, nacida en 1916 y fallecida en la Ciudad de México en 1956.

Foto: Especial 

“Si vemos a Faulkner como el gran maestro de los representantes del boom, deberíamos ver también a Yolanda Oreamuno que consiguió ese estilo, lo dominó y lo mezcló con una mirada nueva, una mirada más íntima, una mirada al cosmos más pequeño que es la familia. Estas escritoras son un eslabón que no estábamos mirando y sentaron bases muy fuertes para esta corriente literaria, fueron mujeres valientes que recogieron muchísimo de esos cambios”, dice.

En “La ruta de la evasión”, la escritora costarricense engarza distintas perspectivas del universo familiar tradicional latinoamericano de mediados de siglo XX y pone en entredicho paradigmas que aún en nuestros días persisten, como el patriarca déspota que se pierde durante días en el alcohol y regresa para seguir imponiendo su autoridad de forma violenta; la madre abnegada y los hijos que crecen bajo el imperio de miedo, escudándose en rudeza o locura.

“Cuando entro en el mundo de Yolanda Oreamuno realmente recibo una sorpresa, casi es un caos entrar en esa obra, es una obra publicada en 1948, pero tan moderna y actual, no sólo en los temas sino en el estilo, es una obra que rompe con muchas tradiciones literarias que se llevaban a cabo en ese tiempo, pero que aún ahora sigue siendo una obra que rompe con muchas cosas”, agrega García Freire.

La violencia patriarcal se extiende a todos los rincones en la novela de Oreamuno y tanto las historias de las mujeres que se acercan a los hijos, la empleada leal, las vecinas y el amigo honorable, se ven atrapados por la corrupción que carcome por dentro la casa de los Mendoza como si se tratara de un “cascarón hueco”.

“La obra va revelando muchísimas cosas de la escritora; primero que ella asume un compromiso total con la literatura, con lo estético, y la literatura como un arte. No se plantea escribir una historia sino responder a un compromiso fuerte con la literatura y en ese sentido hay una ambición muy grande con respecto a la forma y al contenido de la propia historia que yo creo, refleja cómo la ambición es algo que se ve mal en las mujeres y creo que esta misma ambición es lo que juega en su contra: entender que alguien joven que no se esperaba, viene a romper con la tradición literaria en Costa Rica”, enfatiza.

Foto: Especial 

De existencia inacabada, la de Oreamuno es una vida en dos direcciones, por un lado la de una joven bella que trabaja como oficinista y que a los 20 años se casa con el diplomático chileno Jorge Molina Wood, quien la alentó a escribir, pero de quien enviudó un año después.

Posteriormente la soledad y la enfermedad habrían de marcarla: a la muerte de su esposo regresa a Costa Rica y se vuelve a casar; si bien su carrera literaria conoce los años más fructíferos, también inicia una debacle que terminará con su vida el 8 de julio de 1956 falleció en

México, en casa de la poetisa costarricense Eunice Odio. En 1961, por iniciativa de la entonces Primera Dama de Costa Rica, doña Olga Benedictis de Echandi, sus restos fueron sepultados en San José.

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