Centennials, pandemia, aislamiento y nueva normalidad: ¿Hay alguien escuchando?

¿Qué retos han enfrentado los llamados centennials ante la pandemia? ¿Sus características les han ayudado a enfrentar el aislamiento social y la “nueva normalidad” o les han generado más problemas?

Centennials, pandemia, aislamiento y nueva normalidad: ¿Hay alguien escuchando?

La neuropsicología contemporánea ha avanzado mucho en los últimos años para comprender mejor el cerebro adolescente. Entre los 11 y 19 años pasa por un rediseño para volverse más eficiente, deshacerse de lo que le estorba y completar su maduración, comandado químicamente por la dopamina (necesidad de novedad y recompensa), así como por la oxitocina (búsqueda de apego y aceptación). Un cerebro poco juicioso, pero en pleno desarrollo de su potencial. 

A algunos este proceso los vuelve rebeldes e impulsivos y a otros les causa tanta ansiedad que se vuelven muy inseguros. No se trata de un error de diseño: la evolución seleccionó este patrón para que el adolescente homo sapiens, cazador y recolector, probara sus límites, saliera de su casa y formara un nuevo clan. ¿Leyeron bien?: para que saliera de su casa. En la actualidad esta tarea, interrumpida ante la incertidumbre y la crisis, puede ser dolorosa y atemorizante. 

Adolescentes que tienen que cursar la secundaria o la preparatoria en línea, en aislamiento social, conectándose 8 horas diarias en promedio a la computadora o al celular (si es que en este país de desigualdades las condiciones se los permite). En muchas familias, desgraciadamente, viviendo la violencia generada por una convivencia intensiva forzada. Tras más de un año así, la ansiedad, la ira y la tristeza crecen. ¿Es extraño que entre ellos estén quienes más han desafiado el aislamiento?

Esta generación de adolescentes tiene otras características a considerar. Se les llama centennials, generación Z o “screen-agers”. Esta condición generacional (que, por supuesto no se puede generalizar, ya que no es lo mismo vivir en La Condesa, CDMX, que en la sierra de Guerrero), les ha dado armas para enfrentar todo lo que hemos vivido en el último año, pero también les genera retos importantes ¿estamos conscientes de ello los adultos que los acompañamos en el viaje?

Sus fortalezas: son más maduros y están mejor informados que la generación anterior (los milennials), son más innovadores y emprendedores, saben utilizar las redes digitales como herramientas de socialización, cuidan más su privacidad, exigen una autoridad racional por parte de los adultos, son anti-consumistas y están comprometidos con la igualdad de género, los derechos de las minorías y el cuidado del medio ambiente. 

Sus retos: no son capaces de poner atención por periodos prolongados, su realismo y pragmatismo se puede convertir fácilmente en pesimismo, por tanto, es más fácil que experimenten tristeza y/o ansiedad ante el panorama reciente y el que se avizora, con todos sus protocolos, restricciones y miedos. Son más reactivos al estrés; hipersensibles a la opinión de los otros (su necesidad de “likes”) pega directo en su autoestima. 

Sumemos: cambios neuropsicológicos, más contexto de aislamiento y nueva normalidad por la pandemia, más características generacionales centennials. Muchos han respondido a los retos de forma proactiva y responsable, pero otros han desbarrancado en dos direcciones a veces extremas (y recordemos que los extremos se tocan): por un lado, eufóricas conductas impulsivas de riesgo; por otro lado: auto encierro emocional mientras sienten que ni ellos ni el mundo valen la pena. 

¿Quién los escucha? Los adultos estamos tratando de resolver nuestros propios asuntos con la pandemia y la nueva normalidad, pensando que los hijos están bien, guardados en su cuarto sin dar lata… ¿seguros que todo va bien? Si no ponemos atención, si no escuchamos o por lo menos estamos pendientes de lo que postean en las redes (sin ser invasivos, porque entonces resulta peor), las cosas pueden no solo no estar tranquilas, sino en camino a convertirse en algo peor. 

Claro, muchas veces ellos son los que ponen las barreras y desconfían de la capacidad de los adultos para entenderlos (o están convencidos de ello). No hay respuestas mágicas para tirar esas barreras, pero si una infalible para que sigan ahí: no hacer nada. Hay que hacerles saber de la manera que se pueda, que estamos ahí para escucharlos y apoyarlos ¿Se siente sobrepasado por la situación? Busque ayuda profesional, nadie está obligado a ser infalibles ni a tener todas las respuestas. 

mgm


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