La impunidad de Rubén Rocha Moya goza de cabal salud. El gobernador de Sinaloa está protegido por López Obrador y su familia. Nada ni nadie podría cobijarlo mejor.
No importa que la violencia se desborde en la entidad desde el 9 de septiembre de 2024, cuando escaló el choque entre “Chapitos” y “Mayiza”, tras el arresto en EU el 25 de julio de ese mismo año de Ismael “El Mayo” Zambada, ni que se acumulen los muertos. Rocha es intocable.
El clamor en Sinaloa es que se vaya, pero la decisión de la cúpula de la 4T es que se quede. Y se quedará. El gobernador, sobre quien pesan señalamientos de complicidad con grupos criminales, tiene el respaldo del expresidente, de quien es amigo hace más de 25 años. Y para refrendarlo, Andy López Beltrán, el heredero, envió un potente mensaje.
El pasado fin de semana estuvo en Sinaloa y se reunió con Rocha. Se fotografiaron juntos. López Beltrán, en su rol de secretario de Organización de Morena, desde donde controla los hilos del partido-movimiento, lo reafilió y le entregó su credencial. Por si alguien aún tenía dudas. Quedan todas despejadas.
Rocha no se irá. Al menos no por ahora. AMLO lo dejó arropado. No fue casualidad que su última gira como presidente, menos de una semana antes de entregar la Banda presidencial fuera a Sinaloa. Ahí estuvo acompañado de la entonces presidenta Claudia Sheinbaum.
La espiral incontenible de violencia en la entidad ha dejado más de 850 muertos, casi mil desaparecidos y por arriba de 2 mil vehículos robados, pero Rocha ni se aflige ni se incomoda. “Todo está bien en Sinaloa”, ha repetido más de una vez, invitando a los niños a ir a la escuela y a los ciudadanos a “salir con normalidad”.
Se mofa de quienes piden su salida y se burla de las protestas multitudinarias en su contra, lo mismo en las calles de Mazatlán y Culiacán, que en partidos de baseball, de los Tomateros. Minimiza las críticas y reclamos, porque se sabe intocable; porque piensa que su permanencia está asegurada y no depende de los sinaloenses, sino de quienes mandan en la 4T.
Hasta ahora, su permanencia está asegurada. El caos y la crisis de violencia que carcomen al estado no le pasan costo. Puede estar en paz. Está protegido porque su suerte, no solo es la de él. En su permanencia, vínculos, acciones y omisiones, se hace acompañar de su amigo López Obrador.
POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
@MLOPEZSANMARTIN
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