Esta semana tendrá lugar la XXVI Reunión de Embajadores y Cónsules mexicanos(REC), un proceso que inició con el Secretario Fernando Solana y que ha continuado ininterrumpidamente desde 1990. Este encuentro es una práctica usual en las diplomacias de gran parte del mundo, incluso en algunos países se sostienen dos encuentros al año; además, los hay regionales o temáticos y sí bien la tecnología permite avanzar muchos encuentros y discusiones a distancia, la realidad es que el encuentro “cara a cara” sigue siendo vital, incluso como vaso comunicante hacia la realidad nacional, con los funcionarios con los que se desarrollan proyectos y se toma el pulso entre quienes están en capital y quienes se desempeñan en el exterior.
En el encuentro que inicia hoy tendremos una amplia asistencia, usual en un inicio de gestión, pues todos los titulares quieren saber si permanecen en esa adscripción o si serán rotados y en el caso de los nombramientos políticos, si la fortuna sigue sonriéndoles.
La asistencia en esencia no es obligatoria y no lo es porque cada quien paga su viaje y costos adicionales, a diferencia del resto del mundo en donde el empleador paga al empleado para presentarse a reuniones; esa es una peculiaridad de nuestro sistema. Y no es lo mismo que un nombrado político en un consulado, digamos en Estados Unidos, pague su boleto, a que lo haga un colega de carrera que viaja desde África o de Asia, pues varios miles lo contemplan.
En un principio se planteó que la reunión fuese al inicio del año para aprovechar el viaje vacacional de los titulares, hoy en día, gran parte de quienes asisten viajan después del fin de año para atender esta reunión, solos o solas, por razones económicas. Y ello sucede desde hace ya muchos años.
Ahora bien, la expectativa de conocer al detalle los planes del gobierno y vincularlos con su quehacer cotidiano en sus respectivas adscripciones se volvió mera expectativa ante la frase de la mejor política interior como lo mejor por hacer en el exterior. Hoy en día paga México el costo del abandono de numerosas posiciones de avanzada y debates, lo mismo bilaterales que multilaterales.
Esperamos ciertamente una sustantiva vuelta de página.
Las previsiones, sin embargo, están determinadas por la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos y la suma de preocupaciones con las que ha atizado a los titulares mediáticos en estos dos meses. Ello ha llevado a que nuestra política exterior se centre del todo en un solo país y concentre ahí sus capacidades.
En lo que sucede lo que el destino marque, conviene estratégicamente para nuestra política exterior considerar que el Servicio Exterior Mexicano requiere una inyección sustantiva de nuevo personal de carrera, que requiere un crecimiento presupuestal sustantivo, tanto para mejorar las condiciones laborales lo mismo del propio SEM que de los empleados locales en todo el mundo; especial y urgente atención requiere la Rama Técnico Administrativa del SEM cuyos salarios están en buena parte del mundo en la línea de pobreza.
Importante también el considerar la necesidad de fortalecer nuestras relaciones en todo el mundo y no sólo en Norteamérica, así como el evolucionar nuestra perspectiva de las comunidades en EU de un enfoque paternalista y de protección a uno de empoderamiento de esas comunidades para lograr su propio desarrollo social, económico y político en el país de acogida que han seleccionado.
Esperamos, qué duda cabe, una REC propositiva y que otorgue recursos políticos y económicos a la acción de la diplomacia mexicana encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum. La prueba del compromiso y lealtad del SEM están a la vista y el beneficio será siempre para el interés nacional.
POR ASEM
*Asociación del Servicio Exterior Mexicano a.c.
www.asemex.org @ASEM_SRE
MAAZ