LA ENCERRONA

Putin y su lugar en la historia

“Para hacer la paz se necesitan dos, pero para hacer la guerra basta con uno solo”. Arthur Neville Chamberlain

OPINIÓN

·
Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

Hoy llegamos a los 72 días de la invasión de Rusia a Ucrania. Desde el 24 de febrero el mundo está expectante a las acciones de Putin y en las consecuencias multidimensionales en todo el mundo. Ya se pueden sentir la crisis inflacionaria en la mayoría de las naciones, la crisis en materia energética, la crisis alimentaria por las inconsistencias en la cadena de distribución y una obvia escasez en insumos básicos como fertilizantes y trigo, crisis humanitaria derivada de la migración forzada, además de la evidente crisis en seguridad por la situación per sé y el amago constante de una guerra con dimensión nuclear.

La pregunta que nos hacemos todas y todos es ¿qué sigue? ¿Cuándo se termina esto? Dar respuesta a esto significaría meternos en el pensamiento del propio Vladimir Putin, Volodymyr Zelensky, Joe Biden o en el de Jens Stoltenberg, secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Sin embargo, podemos saber las opiniones de algunos expertos, quienes comentan que esta guerra tiene características propias ajenas a los conflictos bélicos internacionales anteriores, uno muy claro es la conectividad e inmediatez de la información.

Es decir, en la Primera y Segunda Guerra Mundial no existían -de manera universal- los teléfonos móviles ni la internet. Esto retrasaba las expresiones propias de la guerra, no se podía saber en tiempo real los desplazados, las consecuencias y, mucho menos, las posturas de los protagonistas.

Hoy podemos enterarnos en un “en vivo” de las solicitudes que Zelensky realiza a las potencias mundiales en cada uno de sus parlamentos; las cifras de los soldados caídos de ambos bandos; tampoco podríamos saber de los intentos de mediación o negociación para el cese de las hostilidades; menos aún nos enteraríamos de los señalamientos de crímenes de guerra hacia Putin por acciones fuera de todo protocolo beligerante en Mariupol y en la región del Donbás, tales como las vejaciones a la población (incluyendo violaciones sexuales), arrasando la vida de civiles, plazas públicas, escuelas y hospitales; el número de personas desplazadas y refugiadas en cada uno de los países destino y la condición en la que han llegado; tampoco podríamos conocer las historias particulares que está viviendo la población en Ucrania.

Siguiendo con los cuestionamientos mencionados, algunas voces de especialistas (y otras personalidades, como el Papa), señalan que la guerra llegará a su final el próximo 9 de mayo, día en que Rusia conmemora el “Día de la Victoria”, aludiendo al momento en que la nación bolchevique vencieron a los nazis en 1945.

Este señalamiento proviene del simbolismo en el que Putin envuelve cada una de sus acciones, basta recordar aquella gigante mesa en la que recibió a Macron o las escenas de Putin recibiendo a la otrora canciller alemana, Angela Merkel, con su perro “Koni”.

Ahora bien, el cuestionamiento sustancial sería: ¿qué consecuencias futuras traerá este simbolismo de Putin? ¿Vidas de hombres, mujeres, niños y niñas; millones de personas refugiadas y desplazadas; las crisis multidimensionales o el cruento desempeño de sus fuerzas armadas valen la desolación que está provocando? Es una respuesta que solo se podrá revelar a la luz de los hechos.

Hoy, a 72 días de la guerra, podemos decir que Putin sí tiene un lugar reservado en la historia al lado de los dictadores más sanguinarios.

POR ADRIANA SARUR
ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM
@ASARUR

MAAZ