COLUMNA INVITADA

Un valor no negociable

Es necesario hablar del aborto lejos de ideologías

OPINIÓN

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Paz Fernández Cueto / Colaboradora / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

Tuve oportunidad de exponer ante la ministra Margarita Ríos Farjat, la preocupación que percibimos quienes llevamos años trabajando por el bienestar de las mujeres. Nos preocupa el sesgo de opinión dominante que han manifestado los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al presentar el aborto como un “derecho”, como algo intrínsecamente bueno, como algo favorable para la sociedad. El espectro que abarca la cruda realidad del aborto es mucho más amplio del que se asoma por el resquicio de las ideologías, promovidas por grupos minoritarios; y el drama que se esconde detrás de este supuesto derecho es mucho más doloroso y lacerante que las injusticias que esta práctica pretende aliviar.

Estamos conscientes de que a los ministros les toca resolver en lo jurídico, así como de que sus resoluciones no pretenden suplir un sistema fallido en la aplicación de políticas públicas, correspondientes a otros ámbitos de gobierno. Sin embargo, hay que tomar en cuenta el carácter educativo de la ley, su impacto en la formación de las conciencias y la trascendencia que las normas jurídicas tienen en el comportamiento social.

Decisiones de gran impacto, como ésta, deberían sustentarse no únicamente en tecnicismos legales y jurídicos, sino que deberían tomar en cuenta también la certeza que proporciona la ciencia y la interrelación que existe entre las distintas disciplinas. Si las resoluciones jurídicas no se fundamentan en principios médicos, éticos, sociológicos, antropológicos, etc., al menos una consideración pragmática debería tomar en cuenta sus efectos, como sucede actualmente en Estados Unidos, en donde está a punto de revertirse la ley Rose Vs Wade que promovió indiscriminadamente el aborto. Su efecto después de tantos años ha sido degradante y decadente.

Es triste reconocer que, en México, en medio del ambiente de violencia que se ha desatado en el país, nos hemos familiarizado con la muerte; ya no nos espanta como antes, ya no nos sobrecoge. Noticias de matanzas, levantones, decapitados, descuartizados o desaparecidos son el pan nuestro de cada día. La muerte ha adquirido carta de naturalización en nuestro entorno y el aborto tiene que ver con ejecutar al que estorba, quitar de en medio a quien representa una amenaza; tiene que ver con matar al más débil, al indefenso, a quien no tiene voz. Se trata de eliminarlo precisamente en el vientre materno, en ese espacio diseñado por la naturaleza misma para su protección.

Presentar el aborto como un derecho es relativizar el valor de la vida, es desconocer el derecho primordial, sin el cual dejan de serlo todos los demás derechos. Es negociar con un valor no negociable. Presentar el aborto como un derecho es presentarlo como algo bueno, conveniente, como algo favorable para la sociedad, cuando sabemos el drama que esconde detrás, fortaleciendo el machismo y el desprecio por la mujer y su maternidad. Si en algo coincidimos con las feministas de posturas más radicales, es en que “nadie quiere abortar”. ¿Cómo entender entonces que se le abran cada vez más las puertas al aborto, que su promoción se cada día más burda, más descarada, más riesgosa?

Agradezco a la ministra Margarita su consideración al haber escuchado con atención mis reclamos. Detrás del cubre bocas, descubrí a una mujer inteligente, de mirada profunda y persuasiva, sensible ante este problema que obliga a abordarlo de una manera integral. Las ideologías salen sobrando, importa la realidad. Importa la congruencia que al ser humano corresponde: la de encontrar soluciones humanas a problemas humanos, metiendo la cabeza, pero también el corazón.

POR PAZ FERNÁNDEZ CUETO

PAZ@FERNANDEZCUETO.COM

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