COLUMNA INVITADA

Atisbos del futuro próximo

AMLO anunció su intención de que los actuales consejeros electorales sean sustituidos por otros "electos por el pueblo".

OPINIÓN

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Georgina Trujillo / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

Más allá de un ejercicio social efectivo, hasta el momento de escribir esta columna, cuando aún falta media jornada, la consulta para la revocación de mandato se ha visto reducida a una descarada movilización en las zonas de influencia morenista, para echarle porras a un Presidente que se quedó muy lejos de las promesas por las que muchos mexicanos ilusionados votaron hace tres años.

El proceso se manchó con la violación flagrante y sistemática de las reglas electorales que el mismo partido en el poder formuló y aprobó. Fué un espectáculo lamentable ver la manera en que gobernadores y funcionarios de primer nivel se dejaron utilizar como matraqueros.

No se pudo haber esperado otra cosa. En la 4t todos son peones de la visión de alguien aferrado al hiperpresidencialismo tóxico del siglo XX. La revocación no fue un paso hacia una sociedad democrática, sino un simple ejercicio partidista, lleno de los viejos vicios que tanto criticó el Presidente en el pasado.

Fue una campaña y una movilización innecesaria patrocinada con dinero público, o quién sabe de qué procedencia y que a pesar de los cuantiosos recursos usados para su promoción, no logró despertar el interés de la mayoría de los ciudadanos.

En su borrachera de poder, los integrantes de la 4t no logran entender la diferencia entre lo político y lo social; por tanto, su solución para encarrilar de nuevo este sexenio desastroso no es la concepción de políticas públicas efectivas, sino subsidiar y movilizar a sus huestes para demostrar apoyo a su líder. Aunque para ello se pase por encima de las leyes, se polarice a la ciudadanía y se dinamite a la autoridad electoral.

Que piensen que el poder se legitima con base en porras y no en resultados, ya es suficientemente preocupante, pero la cínica manera en la que los funcionarios públicos se involucraron en promover esta consulta que además tratan de vender como un logro de la democracia, debería ser una seria advertencia de lo que se viene para 2024.

Los que alguna vez fueron opositores y defensores de la democracia, hoy, de la manera más cínica dicen “aquí estamos, ya llegamos, nos quedaremos… y háganle como quieran”. Ya no les interesa construir discursos ni propuestas para atraer votos. Van a generar presión. Apretarán todos los botones del autoritarismo para ver los resultados que quieren, dinamitando todos los puentes democráticos que los trajeron a donde están hoy.

Si previo a un ejercicio donde el Presidente no tenía competencia, la orden fue calentar el ambiente y polarizarlo, ya sabemos lo que se puede esperar en tres años cuando haya candidatos de otros partidos y Morena se juegue su permanencia en el poder.

La Oposición debería hacer un correcto diagnóstico de este ejercicio. Si quiere tener oportunidades reales para 2024 debería tejer puentes y construir un nuevo proyecto social.

No se trata de buscar al nuevo caudillo que sea la contraparte de López Obrador, sino de buscar perfiles serios, sobrios y con gabinetes presentables que puedan ser una opción real para los ciudadanos.

Antes de esa batalla hay otra. El Presidente ya anunció su intención de que los actuales consejeros electorales sean sustituidos por otros "electos por el pueblo". Si permitimos que esa reforma electoral prospere, estaremos despidiéndonos de una institución que con autonomía e independencia, ha vigilado y validado tres alternancias de gobierno en los últimos 20 años.

Eso sí sería el comienzo del fin de la democracia en México.

POR GINA TRUJILLO
COLABORADORA
@GINATRUJILLOZ

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