COLUMNA INVITADA

Sanciones económicas: Instrumentos de paz

La comunidad internacional nunca debe perder de vista la importancia de la diplomacia por hallar soluciones pacíficas

OPINIÓN

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Claudia Ruiz Massieu / Colaboradora / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Foto: Especial

La invasión rusa a Ucrania fue tan súbita como sorprendente. Frente a un ataque militar, la comunidad internacional que defiende el orden global basado en reglas ha decidido responder a la fuerza de las armas con la fuerza del dinero. El objetivo es claro: constreñir la economía rusa a tal punto, que su gobierno decida abandonar las hostilidades y negociar una salida.

Así, la mayoría de los bancos rusos han quedado fuera del sistema SWIFT de comunicaciones interbancarias y financieras mundiales; EEUU y otros países han vetado la importación de petróleo ruso; el comercio está prácticamente parado; las reservas del banco central de Rusia están parcialmente bloqueadas y varias empresas transnacionales han cancelado sus operaciones en aquel país.

Afirmaba Quevedo que Don Dinero es un poderoso caballero, que al natural destierra y hace propio al forastero. ¿Son entonces las sanciones una estrategia adecuada para contener el uso unilateral de la fuerza militar? Lo que hemos observado es un efecto que ha encendido alarmas al interior de Rusia. El desempleo, la inflación, una posible dependencia de China o un sentimiento generalizado de incertidumbre son, ciertamente, consecuencias no deseadas por el gobierno ni la población rusa. Por ello, hay cierto optimismo en la prensa occidental sobre el éxito de las sanciones y cómo éstas podrían ser suficientes para “doblegar” al contrincante.

Sin embargo, es necesario apuntar que un paquete de sanciones generales tendrá un efecto igualmente general: a fin de cuentas, sancionar también conlleva costos para ambas partes. Enumero algunas consecuencias sobre las que la comunidad internacional debe tomar nota.

Si las sanciones se extienden indefinidamente se corren riesgos como el escalamiento de las hostilidades (i.e. buscar ganar en el campo de batalla lo que no se gana en las finanzas), el fomento de un nacionalismo ruso -más si la calidad de vida de la población civil fue severamente afectada- que impulse nuevos conflictos en el futuro, así como reducir drásticamente la probabilidad de un acuerdo que ponga fin a la invasión.

Hay que notar que las sanciones tienen otros efectos, particularmente graves para el comercio, la industria y el costo de la vida de otros países no involucrados en el conflicto.

Notablemente, las sanciones han afectado tres rubros: los precios del petróleo y el gas natural. (recordemos que, en Europa, un tercio de su suministro de gas y alrededor de un cuarto de su petróleo vienen de Rusia); los precios de los granos, como el trigo y el maíz, básicos para la cadena de suministros alimenticios, no sólo de Europa, sino de los mercados de Asia y África; y, por último, la recuperación económica postpandemia, consecuencia de la inflación.

En ese sentido, la comunidad internacional nunca debe perder de vista la importancia de la diplomacia y de los esfuerzos por hallar soluciones pacíficas a las controversias, sin por ello, desde luego, dejar de sancionar y condenar cualquier violación del derecho internacional o de la integridad de los países. En este sentido, las sanciones deben verse como un instrumento para alcanzar la paz, no como un fin en sí mismo. También es necesario evitar, como ha ocurrido en otras ocasiones, que éstos se conviertan en las semillas de nuevos conflictos.

POR CLAUDIA RUIZ MASSIEU
SENADORA DE LA REPÚBLICA
@RUIZMASSIEU

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