COLUMNA INVITADA

Las nacionalizaciones, cosa del siglo pasado

Lo único que han conseguido es entregar malas cuentas y convertirse en un laberinto burocrático

OPINIÓN

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Georgina Trujillo / Colaboradora / Opinión El Heraldo de México

El Banco Nacional de México se pondrá a la venta después de que su actual dueño corporativo, Citigroup, anunció su salida del sector minorista en México.

En esta ocasión la noticia provocó histeria en muchos cuentahabientes, fue impulsada sobre todo desde la confusión de las redes sociales. Pero en realidad, no es la primera vez que Banamex se pone a la venta, sin embargo, antes pasó de una manera más desapercibida.

Estancado a medio camino entre la digitalización y la banca tradicional, Banamex sucumbió ante las estrategias agresivas de la competencia que representan bancos como BBVA, Santander y Banorte, que hoy cuentan con una mayor cartera de clientes.

Banamex también se ha visto involucrado en polémicas. Tal es el episodio con la empresa Oceanografía; un caso de fraude y lavado de dinero en el cual, por cierto, se salpicaron algunos personajes cercanos a la administración federal en turno.

Algunas voces en los poderes Ejecutivo y Legislativo se han levantado para señalar a este gobierno como un potencial comprador de Banamex, mientras afirman que es una oportunidad valiosa para nacionalizar la banca de nuevo.

Sus discursos son la muestra de su pálida idea trasnochada de país. Una sombra del siglo pasado, cuando se pensaba que las nacionalizaciones traerían consigo mayor justicia social y una solución definitiva a los problemas financieros que arrastraba México.

¿Cómo confiar en un gobierno cuyas decisiones en política económica han tenido nulos resultados? No han ofrecido respuestas reales para salir de una pandemia y mucho menos para una reactivación. Han dejado la tarea casi en su totalidad a los empresarios, hoy más desamparados que en aquellos sexenios tan criticados por el presidente.

México registra una salida histórica de capital extranjero. Hay una falta de confianza generalizada en este gobierno y sus políticas. La fuga de inversión tiene implicaciones negativas directas; en probable que el financiamiento para el gobierno se encarezca y que además vivamos una volatilidad marcada en el tipo de cambio.

El Presidente y sus adeptos no se han cansado de culpar a todos y a todo por sus propios errores. La realidad es que han sido incapaces de generar un ambiente de oportunidades en un país donde la brecha económica se incrementa a paso acelerado.

No se puede confiar en un gobierno cuyo intento de banco, el Banco del Bienestar, se encuentra en números rojos y cuenta con un índice de cartera vencida de casi 20 por ciento, seis veces más que el índice promedio de morosidad que existe en la banca comercial. Con esa administración, ¿qué sería de los millones de cuentas de Afores que heredarían de Banamex?

Estamos bajo un gobierno que desprecia los números y la razón, cuyos planes y proyectos están basados en la improvisación o la fantasía que genera su ideología. Sus procedimientos administrativos están manchados de corrupción por todos lados y desprecian la rendición de cuentas.

Lo único que han conseguido las nacionalizaciones en todos los gobiernos donde se han intentado, es entregar malas cuentas y convertirse en un laberinto burocrático donde se vuelve imposible operar de manera sostenible.

Porque donde una empresa es de todos, en realidad no es de nadie; por lo tanto no hay una obligación con el crecimiento, ni un compromiso con la productividad. Echar mano de los impuestos de los contribuyentes para disfrazar problemas financieros, termina siendo una tentación demasiado grande y un camino demasiado sencillo de tomar.

Pasa con Pemex. Pasa con la CFE. Pasó en su momento con la banca, y sin duda pasaría otra vez, porque este gobierno no ha demostrado ser diferente a todos los demás que le han precedido. Aunque sí peor, mucho peor.

Ya estamos en el siglo XXI. Es hora de concebir otros esquemas productivos —y modernos— en los que pueda participar el Estado, de manera sana y transparente. Las nacionalizaciones ya no son una alternativa.

POR GINA TRUJILLO
COLABORADORA
@GINATRUJILLOZ

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