CAMINAR EN LA LUNA

Viajes de tiempo y luz

La felicidad está en todas esas cosas que brillan con naturalidad

OPINIÓN

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Adriana Azuara / Caminar en la luna / Opinión El Heraldo de México

Lo único que jamás se detiene es el tiempo, e ir atrás es imposible. Cada minuto representa una nueva oportunidad. Los segundos cuentan y sólo tú sabes qué hacer con este regalo tan grande. 

Han sido meses de muchos retos, en los que hemos tenido que aprender a exprimir cada momento porque nunca sabes cuándo será el último abrazo. Ni el último beso.

Así, mi escapada de este mes incluyó cambio de horario y, de repente, me encontré tomando un vuelo de 11 horas hacia el otro lado del océano, presenciando un nuevo estilo de viaje. No es lo mismo tomar un avión por dos o cuatro horas y sin salir del continente, a otro, mucho más largo y con cubrebocas, restricciones de movimiento y requisitos de vacunación, pruebas y pases sanitarios. Pero ahí estaba yo, rumbo a París para ver a la más pequeña de mis hermanas, con quien siempre he tenido una conexión muy especial, y llevarle un pedacito de México y a compartir un momento muy especial en su vida.

Creo que lo que más me sorprendió de la capital francesa fueron los contrastes en cuanto a las restricciones. Mientras que el aeropuerto estaba vacío, con tiendas y cafés cerrados, la ciudad vibraba: las calles estaban llenas y, al aire libre, la gente no usa cubrebocas. Pareciera que todo es como antes  y, sin embargo, para entrar a museos, restaurantes o bares tienes que mostrar tu pase sanitario o tu cartilla de vacunación, y las mascarillas son obligatorias. Por otro lado, puedes disfrutar de los museos casi vacíos –y con cita previa–  y, ahora sí, observar y las grandes obras de arte que antes permanecían escondidas detrás del sobreturismo.

Todos hemos soñado una vida  en la “ciudad de las luces”: caminar por sus calles de edificios antiguos, detenerse a tomar un café acompañado de un croissant, comer un helado en el Jardín de las Tullerías, jugar a sacar fotos en el Louvre,  caminar de la mano del amor de tu vida hacia la Torre Eiffel... pero la vida real de los parisinos es muy diferente. Veo, como en todas las ciudades, una prisa que roba el aliento, calles sobresaturadas y precios excesivos. Pero, aún así, París tiene mi corazón. Al igual que en otras metrópolis, presume espacios mágicos que te permiten escapar de la velocidad y la rutina, comer delicioso, conocer lugares históricos, gente maravillosa y disfrutar del lugar y el momento.

 Hoy, mirando la luna casi llena, desde la ventana del departamento de mi hermana y su futuro esposo, entiendo que la felicidad está en todas esas cosas que brillan con naturalidad, como la complicidad entre hermanas, los secretos compartidos, las risas en las madrugadas, las buenas noticias… son esos detalles que te devuelven una sonrisa real y la esperanza de un tiempo y un futuro mejor.

POR ADRIANA AZUARA
@ADRYAZUARA

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